Mente y percepción errónea
En el campo de la neurociencia se sabe muy bien que el cerebro nos engaña. Creemos percibir una realidad determinada, la cual suele ser ficticia.
Había un perro callejero que solía ir de un lugar a otro, de aquí para allá, vagabundeando. En una ocasión, penetró en un palacio cuyas paredes estaban recubiertas de espejos. El perro, entró corriendo en una de estas estancias y al instante vió como numerosos perros corrían hacia él desde distintas direcciones. Aterrado, se volvió hacia la derecha tratando de huir y, entonces comprobó que también había gran número de perros en esa dirección. Se movió hacia la izquierda y le ocurrió lo mismo.
En esta situación, el perro ladraba incesantemente tratando de huir despavorido al sentirse perseguido por innumerables perros amenazantes y furiosos que se le acercaban y le rodeaban. Miró en todas las direcciones y contempló que no tenía escapatoria.
En ese momento, el terror paralizó su corazón y murió víctima de la angustia y el miedo.
Así suele ocurrirnos al identificarnos con lo que creemos ser, y esta percepcion errónea nos sume en la ignorancia y no nos deja ver la realidad tal y como es.







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