La primera sonrisa del bebé
La primera sonrisa del bebé
Para los griegos, cuenta Aristóteles en su trabajo sobre la risa, sólo cuando el bebé recién nacido sonreía a su madre - cosa que ocurría entre los cuarenta y cincuenta días después del parto -, podía dársele por fin nombre propio y acreditarlo como miembro de la familia en cuyo seno había aparecido.
En ese esbozo de sonrisa se expresaban doblemente el placer por el alimento recibido y la certeza de ser amado por aquélla que lo ofrecía, a la vez que se pasaba la frecuente barrera de la mortandad infantil que, desde siempre, fué una plaga de la que ningún pueblo de la antigüedad se vió enteramente libre.
De modo que sonreir era disponerse a vivir. Retroactiva, la risa y la sonrisa tienen desde entonces para nosotros, la capacidad de remitirnos a esa vecindad con los nacimientos.
del libro: Risus Paschalis. K. Jacobelli.







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