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Una mente positiva

Mente positiva

Un discípulo muy soñador y, por otro lado cercano a su Maestro, a lo largo del tiempo de su convivencia con él, observa cuidadosamente las muchas dificultades por las que pasa. Un buen día, se acerca a su Guru y respetuosamente le pregunta: "Maestro, veo los muchos problemas y penalidades por las que cada día pasas así como la incomprensión de muchas de las personas y discípulos que te rodean, y sin embargo te veo siempre alegre y positivo. ¿Cómo es posible mantener esa actitud?"

El Maestro le mira y sonriendo le contesta: "Cada mañana al levantarme me pregunto, que elijo hoy, alegría o tristeza?, y decido elegir ALEGRÍA!

 


El yoga es un fin en sí mismo con un gran poder transformación

Entrevista con Iliana (Prema)

Iliana de Santiago, también conocida como Prema, es profesora de Hatha yoga en Yoga Center Madrid. Sus clases están repletas de amor, de cariño y de dedicación, que hace que los alumnos floten en un ambiente de ternura y bhakti puro. Hoy os traemos una preciosa entrevista con ella. ¡Que la disfrutéis!

Pregunta.- ¿Cómo empezaste con el yoga?

Respuesta.- Lo conocí cuando tenía 21 años, en una época de descubrimiento y crecimiento personal bastante grande, ya que fue cuando salí del hogar familiar y me aventuré a vivir mi propia vida en otro lugar. Decidí volar hacia Tenerife y allí por casualidad empecé a acudir a clases de yoga en un espacio del ayuntamiento y, posteriormente, al interesarme tanto, busqué escuelas de yoga. En Tenerife encontré uno de ms primeros maestros, Ramón, que nos guiaba con cariño y delicadeza en este mundo de asanas, enseñanzas, lecturas de las escrituras yóguicas tradicionales y nos facilitaba enseñanzas a nivel más interno y personal que siempre recordaré y agradeceré. A partir de este encuentro con el yoga, comencé a incorporarlo en mi vida siendo una de las prácticas que he buscado y desarrollado en cada uno de los lugares donde he vivido. Me siento muy afortunada de haber podido conocer distintos estilos, profesores/as y maestros/as tan diversos. Acudir a clase y continuar aprendiendo día a día es una de las motivaciones en mi vida, por lo que sigo sintiéndome agradecida a mis profesoras y maestras/os actuales.

P.- ¿Qué estilos de yoga conoces?

R.- A lo largo de estos años he practicado generalmente Hatha, aunque también he estado practicando durante alguna temporada yoga Kundalini e Iyengar.

P.- ¿Cómo describirías el estilo de Hatha? ¿Qué es para ti el Hatha?

R.- Para mi Hatha es la raíz, la base. Permanecer en las posturas proporciona cada vez más beneficios que sientes con el paso del tiempo. Parar y permitirte a ti misma/o alcanzar un estado meditativo, en cada una de las asanas practicadas, con la firmeza y la fuerza necesaria. Hatha es unión, integración, del cuerpo, la respiración y la mente que te permite sentirte plena y extensa… Para mí el Hatha es todo eso, es la posibilidad de parar y de estar en movimiento, en contacto íntimo contigo misma y con cuyo máximo fin supone caminar hacia el autoconocimiento y el crecimiento personal.

P.- ¿Qué es para ti el yoga?

R.- Comencé por aprender yoga en la esterilla, con otros, sola, adentrándote en cada asana y en cada respiración y, después, con la espontaneidad propia de la vida, se fue integrando en otras áreas de mi vida. El yoga, por tanto, lo entiendo y lo vivo como un propio camino de vida. Como medio y fin en sí mismo cuenta con un gran poder transformación. El yoga me ha permitido mejorar la relación conmigo misma, entenderme más, tenerme “más paciencia” y día a día aprendiendo a respetarme más. Asimismo, integro el yoga en mi otra ocupación, el trabajo social y la intervención directa tanto con grupos de personas como de forma individual. Procuro trasladar las enseñanzas adquiridas en los talleres que imparto para tratar de acompañar a las personas con las que trabajo en el camino de quererse más, de abandonar la justificaciones y autoengaños, tratando de invitarles a disfrutar más, ser más respetuosos con los demás y con el mundo, procurando que la culpa y la auto exigencia exacerbada se vaya disipando. Asimismo, tengo el privilegio de dar clase en Yoga Center, por lo que me es posible transmitir lo aprendido y continuar la transmisión de conocimientos a otros.

P.- ¿Cómo llegaste a ser profesora de yoga?

R.- Hacía años que conversando con mi padre me animaba a formarme como profesora, me animaba a descubrir más, hasta que llegó un día que me regaló un curso en el lugar y en el momento que yo decidiera hacerlo. En una época en la que no encontraba mi rumbo, me encontraba bastante perdida de tanto cambiar de forma de vida y lugar, decidí volver a Madrid para parar y estar cerca de los míos. En esta época, pensé comenzar algo nuevo, quizá con la posibilidad de en un futuro cambiar de profesión, o unirlas, o simplemente disfrutar del regalo para dedicármelo a mi propio aprendizaje y profundización. Busqué escuelas y acudí personalmente para conocer y preguntar. Me decidí por Yoga Center y desde luego mereció la pena. Los dos cursos de formación y el posterior curso de yoga para niños/as que realicé supusieron una gran experiencia que me ha ayudado, en gran manera, a ser más feliz y consciente.

P.- ¿Qué es para ti ser profesora de yoga?

R.- Ser profesora de yoga para mí es todo un regalo y un privilegio. Dar y recibir, como cualquier intercambio humano, pero un intercambio cuya característica principal es que resulta siempre positivo. Es maravilloso participar en el aprendizaje, sin duda una de mis pasiones, y sobre todo me resulta muy reconfortante poder colaborar en que las alumnas y alumnos que acuden a clase salgan mejor de como llegaron antes de la clase. Además, ser profesora resulta ser un proceso de aprendizaje continuo apasionante. Se aprende de cada persona, de cada inhalación y las clases suponen la práctica en colectivo con la posibilidad de aprender de cada asana y cada cuerpo en movimiento.

P.- ¿Cuánto hay de preparación y cuánto de improvisación en tus clases?

R.- Generalmente preparo todas las clases con antelación. Las diseño dependiendo del nivel de la clase pero, en ocasiones, durante las clases modifico alguna asana o cambio determinada variante dependiendo del alumnado y la energía de la clase. Asimismo, en otras ocasiones, improviso cuando veo que la clase, diseñada con antelación, no está funcionando demasiado bien. Durante los relax suelo improvisar a partir de una idea en la que he trabajado durante el día, algo que he estado leyendo, o algún momento, vivencia o visión de la naturaleza que me inspira para crear un relato que trata de ayudar a entrar en Savasana, el relax.

P.- ¿Cuáles son tus fuentes de inspiración para preparar tus clases?

R.- Especialmente las alumnas y alumnos que acuden a clase, su respiraciones, sus posturas que dicen mucho…, también los textos que he leído y que sigo releyendo. Los textos clásicos y aquellos otros textos actuales. Por supuesto una gran fuente de inspiración es mi propia experiencia en la esterilla, así como las clases de otras profesoras de la escuela y profesoras y profesores de los que he recibido intensivos y formaciones en el pasado. También una gran fuente de inspiración para las clases es la naturaleza, las palabras sabias de niños y ancianos, los encuentros con otras personas…

P.- ¿Qué deseas transmitir con tus clases?

R.- Lo que más me gustaría transmitir es que el yoga, como la vida, no es ninguna competición. Que no hace falta luchar tanto o intentar ir tan deprisa, que no es necesario controlarlo absolutamente todo, así como tratar de transmitir que no hace falta empujar, que la vida, como el yoga, es mucho mejor sin ningún tipo de violencia y que las personas no somos tan solo mente, sino que el cuerpo enseña y guía y la respiración forma parte del ser. Me gustaría transmitir que podemos relacionarnos con nosotras/os mismos de otra manera, con los demás y con el mundo. Pero, por supuesto, es algo que a mí misma me cuesta llevarlo a la práctica. Conocer nuestros límites y aquello que queremos modificar es el primer paso para realizar el cambio deseado. ¡La vida es cambio, permanente transformación! Mi objetivo es el crecimiento, cada uno hacia donde quiera y desee.

P.- ¿Qué es lo que más te enriquece con la enseñanza del yoga?

R.- En un primer momento, durante mis primeros meses de enseñanza, lo que más me enriquecía era ver los avances y el aprendizaje en asanas de las alumnas y alumnos. Últimamente lo que más me enriquece (no llevo mucho tiempo de profesora) es observar como las personas obtienen algún tipo de beneficio y saber que muchas personas se van mejor de cómo entraron e clase… Poder participar en que alguna persona se sienta mejor es un gran privilegio que respeto y valoro mucho.


Más que la práctica física, el yoga es para la paz mental

Entrevista con Petri Räisänen

El conocido maestro de Ashtanga Petri Räisänen ofrecerá un taller de cuatro días en Yoga Center Madrid a partir del 20 de septiembre. Una oportunidad para beber de la fuente más tradicional y de fluir con un yoga dinámico y fluido. Con él bucearemos en los estilos de Ashtanga y Vinyasa con una perspectiva amable y sensible, para ir a lo más profundo de nuestro ser e indagar en la paz mental.

Pregunta.- ¿Qué vamos a aprender con tu taller en Yoga Center Madrid?

Respuesta.- En Madrid nos centraremos en las técnicas del Nadi Sodhana (la serie intermedia). Hablaré sobre el proyecto de mi libro con Pattabhi Jois y Sharath Jois del Nadi Sodhana y enseñaré el método de Vinyasa, con algunos ajustes y consejos para la práctica personal. El domingo por la tarde veremos técnicas de dharana (concentración) para una mejora en la concentración de la mente y el equilibrio.

P.- ¿Puede acudir cualquier practicante de yoga o es necesario que sea un ashtangui?

R.- Todas las clases están enfocadas a todo aquel que esté interesado en Ashtanga yoga, para principiantes, alumnos intermedios y avanzados.

P.- Veintisiete años enseñando yoga... ¿Cómo han cambiado o evolucionado tus enseñanzas a lo largo de los años?

R.- Mi enseñanza se ha vuelto mucho más suave y tolerante. Comienzo a ver a cada alumno como una persona que requiere unas técnicas individuales de acuerdo con su estructura corporal, su edad y su condición.

P.- ¿Por qué Ashtanga? ¿Qué es el Ashtanga yoga para ti?

R.- Imagino que fue cosa de buena suerte (o del destino) el encontrar el Ashtanga. Era el momento adecuado y había un buen profesor que fue capaz de inspirar lo suficiente a mi joven mente. El Ashtanga es un sistema completo de yoga. Ya no implica una secuencia de asanas; es una práctica mental mucho más que una práctica para el cuerpo.

P.- ¿Cómo fue aprender de Sri K. Pattabhi Jois?

R.- Él siempre fue bueno conmigo. Se convirtió casi en un abuelo para mí (en mi mente). Era estricto pero tenía un gran corazón. Conseguía realmente hacer que la gente creyera en el poder del yoga y en sí mismos.

P.- ¿Cuál es la enseñanza más importante que te legó Sri K. Pattabhi Jois?

R.- Me enseñó el sistema Vinyasa, que está relacionado con la claridad de la mente. También me enseñó el humor y la psicología (práctica) del yoga.

P.- ¿Qué te hace sentir el yoga? ¿Cómo está presente en tu vida diaria?

R.- Me aporta equilibrio y silencio interior. Está presente todo el tiempo; la disciplina (de un modo suave) se convirtió en una parte importante de mi vida. ¡No os rindáis!

P.- ¿Cómo ha evolucionado tu práctica a lo largo de los años?

R.- Mi práctica ha cambiado un montón, ya que tengo un horario de enseñanza bastante ocupado y además tengo dos hijos (de 1 y 4 años) con mi esposa. Tengo menos tiempo para una práctica prolongada y avanzada, pero igualmente la práctica sigue teniendo buena calidad. Ya no estoy “hambriento” por conseguir las siguientes posturas ni por el progreso físico. Ahora es más una cuestión de paz mental.

P.- ¿Cómo preparas tus clases, tus talleres y tus retiros?

R.- Preparo mis clases calmando mi mente y meditando y visualizando un entorno sanador. Para los talleres creo un horario y distintos temas para ir tratando a lo largo de unos pocos días. En cuanto a los retiros, suponen mayor planificación para las clases, como analizar el sistema Vinyasa en una o dos semanas y centrarnos en los aspectos sanadores de la práctica.

P.- ¿Cuál es el elemento más importante en tus clases?

R.- ¡Un entorno sanador! ¡El silencio y la suavidad!

P.- ¿Cómo integras el yoga en tu vida diaria, más allá de tus clases y talleres?

R.- Siempre intento educarme a mí mismo, estar calmado y dedicar tiempo a la relajación.

P.- ¿Ha cambiado tu relación con el yoga a lo largo de los años? ¿Cómo?

R.- A medida que aprendo sobre el yoga, me vuelvo más tolerante y soy capaz de ver el yoga en un contexto mayor. Más que la práctica física, el yoga es para la paz mental. Todas las acciones deben centrarse en una mente sátvica.

P.- ¿Qué recomendarías a cualquier practicante de yoga?

R.- ¡Que practique, practique y practique!

P.- ¿Cómo ayuda la Naturopatía en tus clases de yoga?

R.- La Naturopatía no ayuda mucho, pero he aprendido otras técnicas que tienen muchos beneficios, como terapias corporales y energía sanadora.

P.- Además de Sri K. Pattabhi Jois, has estudiado con muchos maestros de yoga a lo largo de tu camino yóguico. ¿Cuál ha sido la experiencia más significativa que has tenido con ellos? ¿Podrías explicar un poco más sobre lo que cada maestro te ha enseñado?

R.- ¡Sería una larga lista de maestros e historias! De todos mis maestros he aprendido la disciplina del yoga, la espiritualidad y la felicidad.

P.- ¿Cómo te sientes por el hecho de que Sri K. Pattabhi Jois bendijera tu escuela? ¿Sientes aún “su influencia” de algún modo actualmente?

R.- Siempre siento la presencia de Pattabhi. Especialmente en el yoga Shala. ¡Parte de su prana está dentro de sus estudiantes!

P.- Estudias filosofía india y sánscrito. ¿Cómo te ayudan en tu vida diaria? ¿Y con el yoga?

R.- Intenté estudiar sánscrito muchas veces, pero nunca tuve el tiempo suficiente ni el interés como para profundizar en ello. Lo poco que aprendí me ayuda con la pronunciación en sánscrito y para comprender el sonido de la vibración. La filosofía me ayuda a entender el comportamiento humano y a evitar grandes apegos.

P.- También has estudiando “Jäsenkorjaus” o “ajuste óseo”. Supongo que debe ser una gran ayuda para entender la anatomía del cuerpo humano y poder así practicar yoga de un modo más eficiente. ¿De qué manera te ayuda como profesor de yoga? ¿Y como yogui?

R.- Mi profesor no permitía a sus alumnos estudiar anatomía de los libros. Teníamos que aprender a sentir el cuerpo y mucho más. Teníamos que aprender a sentir los músculos, así como las tensones mentales y corporales tocando el cuerpo y también sin tocarlo, solo “viendo” el cuerpo y la energía corporal. Eso ha tenido un efecto enorme para mis enseñanzas y para entender los distintos tipos corporales y sus problemas. Aprendí a buscar la fuente de la tensión o del dolor para poder relajarlo desde la fuente. A través del método de sanación finlandés, aprendí a reconocer el prana. Eso no lo aprendí del yoga, pero es sin duda una gran ayuda en la práctica del yoga.


El yoga, un juego de auto-conocimiento

Muchas veces los practicantes de yoga nos hemos encontrado con alguna persona (o varias) que nos ha hecho la difícil pregunta: “¿qué es eso del yoga?”. Resulta tremendamente complicado reducir este arte, esta disciplina milenaria, a una definición general que sea accesible a un público lego en la materia. El yoga hay que experimentarlo para comenzar a entenderlo. Aunque realmente “entender” no es la palabra adecuada, sino que va más bien en la línea de “sentir”, “vibrar”, “resonar” con el yoga. Es una ciencia experimental, basada en la experiencia, en el escuchar atentamente con todo el cuerpo, con la mente y con el espíritu.

El yoga es amor, libertad, auto-conocimiento, tradición, historia, presente, futuro..., es vida. Es amor porque te ayuda a desarrollar ese cariño innato en ti no solo hacia el yoga, sino también el amor hacia ti mismo y hacia los demás. Es libertad porque encuentras una manera de expresión, de fluir con tu cuerpo, de sentirte, de ser y estar, de moverte como te lo pide cada fibra de tu ser. Es auto-conocimiento porque te permite conocer tus límites e ir un paso más allá, con mimo, porque te permite aprender de ti y aplicarlo a tu día a día, porque te da seguridad en tus capacidades y tus virtudes. Es tradición porque estás manteniendo viva una práctica que han compartido generaciones de personas de muy diversas y variadas procedencias. Es historia viva, porque continúas sumando y engrandeciendo una costumbre iniciada hace miles de años y contribuyes a que sea eterna, perenne, duradera. Es presente y futuro porque te trae al aquí y al ahora, te ayuda a vivir en el momento, en tu eterno presente, forjando un futuro de equilibrio, paz y armonía tanto en tu cuerpo como en tu mente. Y es vida, porque todos y cada uno de nosotros, con nuestra práctica, ponemos nuestro granito de arena para infundirle vida a una tradición universal, de todos y para todos, que trasciende el trabajo que hacemos en la esterilla y nos acompaña en cada instante de nuestro día a día.

El yoga es como un juego en el que vamos descubriendo quiénes somos, en el que crecemos y aprendemos a escuchar, a sentir, a vivir “a fuego lento”. Como cuando éramos pequeños y cada pequeño hallazgo en nuestro entorno nos hacía entusiasmarnos y pensar que el mundo es maravilloso, queriendo conocer más y más de él. Un juego que nos coloca como eternos aprendices de nuestro cuerpo, de la naturaleza, de la vida. Así, en este lúdico vaivén del yoga, vamos explorando nuestro interior para comunicarnos con esa parte, a veces olvidada, de lo más profundo de nuestro ser. Vamos de fuera adentro, excavando para conocernos, para indagar como exploradores en los más insondables rincones de nuestro yo interior y así aprender, crecer, resonar con el universo.

Al fin y al cabo, el yoga es también un viaje al interior, que requiere paciencia y trabajo, una travesía que te acompañará en tu día a día de las formas menos pensadas. Os invito a jugar a este juego de auto-conocimiento, a emprender este viaje sin fin, a disfrutar de una experiencia que os acompañará y os traerá equilibrio, armonía, calma. Un juego sin fin que nos ayuda a sacar a ese niño lleno de ganas y curiosidad que llevamos dentro, libre al fin, jugando a ser yoga, jugando a vivir.


Respirando vida: La respiración en el yoga

Alguien muy sabio me dijo una vez que yoga es respirar y que respirar es vivir. ¡Qué razón tenía! A medida que vas practicando esta milenaria disciplina vas siendo más consciente de su sutil presencia, de cómo tu cuerpo se mueve a su ritmo, danzando con su melodía, viviendo a su compás.

Y es que la respiración en yoga es como una partitura en blanco que vamos rellenando con cada inspiración y con cada espiración. Una composición que nos permite que las notas encajen y hagan sonar la balada del universo.

El yoga nos ayuda a estar más atentos, a escuchar con atención esa musicalidad de la respiración, esa cadencia de la vida. Mientras, el cuerpo entero baila al son de cada inhalación y exhalación, con un ritmo que varía y que se ajusta a las circunstancias de cada momento.

Si escuchas con cuidado podrás sentirlo... Inspiras y creces, te expandes, abres espacios, te llenas de vida, de aire, de energía y de vigor. Es el polo positivo de la respiración, el momento de hacer acopio de vida, de acoger lo nuevo, de abrazar la fuerza vital que nos regala la naturaleza. Espiras y sueltas lo que no necesitas, te desapegas, te vacías, te purificas, dejas ir el ego, el orgullo, lo que te arrastra y no te permite avanzar. Es el momento de desprenderte de lo que ya no te ayuda a crecer, de lo que te ancla en el pasado; la oportunidad de comenzar de nuevo, de abrir un nuevo capítulo en tu vida.

La respiración es el Yin y el Yang de la vida... Es el equilibrio, la armonía, la libertad. Es la conjunción de los cinco elementos: la calma del agua, la suavidad del aire, la energía del fuego, la estabilidad de la tierra, la sutileza del éter. Y toda esta sinfonía alcanza su grado máximo cuando practicamos yoga. El cuerpo entero danza siguiendo esa maravillosa melodía vital, inspirando y espirando, mientras nos entregamos a cada asana y nos hacemos uno con el yoga. Así que no lo olvides: respira y siéntelo, vívelo, báilalo.


Un verdadero maestro te hace despertar

Entrevista con Madhana II

Tenemos el placer de compartir con vosotros la segunda parte de la entrevista con Madhana. Una constante fuente de inspiración. Esperamos que la disfrutéis.

Pregunta.- ¿Qué te aporta dar clases de yoga a tus alumnos? ¿Y participar en los cursos de formación?
Respuesta.-
Quizás ayudar a llenar cierto vacío que pueden sentir y sin duda buscan respuestas a la incertidumbre que forma parte de la vida. Por otro lado, si su interés está en combatir el estrés, estados de ánimo negativos o recobrar dentro de lo posible estados de salud y bienestar, el yoga
aplicado con sensatez proporciona beneficios incalculables.
En lo que a los cursos respecta, intentamos dar una formación rigurosa y ecléctica, a fin de que el yoga sea transmitido de una forma genuina.
P.- ¿Cuál ha sido tu mayor reto con el yoga?
R.-
Saber distinguir los que venden espiritualidad cargada de falsas expectativas y la facilidad con la que muchos tienden a creer sin cuestionarse nada. Pienso que Krishnamurti puede ser de gran ayuda para saber distanciarse de los “iluminados”.

P.- ¿Qué cualidades definen a un buen profesor de yoga?
R.-
Preparación, conocimiento, motivación, empatía, y saber transmitir lo que es necesario en cada momento.
P.- ¿Cómo integras la ciencia, la psicología, la filosofía y los métodos de meditación en tus clases?
R.-
Gracias a esas distintas ramas del saber ha habido una extraordinaria evolución en la humanidad. Ahora es también buen momento para que se produzca un salto cualitativo en nuestra evolución interior. Esa riqueza debe ser aprovechada y así buscar lo que Occidente nos ofrece y lo que Oriente nos proporciona. Para los alumnos interesados en la salud de mente y cuerpo intentamos proporcionar una metodología aplicada a sus intereses. Para aquellos que son más buscadores y con seriedad se adentran en estos senderos, intentar hacerles ver que uno debe alejarse de todo sectarismo y vías de liberación que ofrecen paraísos artificiales.
Decía Krishnamurti que una cosa es pensar igual y otra pensar juntos. Se trata pues de entender como lo hacían las luminarias del pasado, Maimonides en la tradición judía, Avicena en la islámica, Tomás de Aquino en la cristiana, Sankara en el hinduismo, Buddha en sus profundas enseñanzas contenidas en las cuatro nobles verdades o la Filosofía Perenne a la que se refería Aldous Huxley, y así sucesivamente. Seguro que se retorcerían en sus tumbas al entender que nuestra noción de la existencia es extremadamente limitada cuando pretendemos definir alegremente una Realidad Suprema. La palabra definir viene a significar poner límites, y solemos hacerlo sobre una Realidad que está más allá de lo que la mente pueda pensar y saber.
P.- Siendo un gran conocedor de las filosofías orientales, ¿qué lectura recomendarías a una persona lega en la materia para un primer contacto con estas filosofías?
R.-
Algo sencillo como Sidharta de Herman Hesse; El filo de la navaja, de Somerset Maugham; Vislumbres de la India, de Octavio Paz y libros sencillos sobre Hatha Yoga.
P.- ¿Qué relación tienes con los grandes maestros que conoces?
R.-
He tenido -y lo sigo teniendo- el enorme privilegio de haber conocido y convivido con grandes maestros y observo que de alguna manera las redes sociales y vídeos ocupan un espacio de aprendizaje muy superficial en la actualidad. No hay una relación directa de largo tiempo que contenga la presencia, la fuerza, energía y conocimiento que transmite un verdadero maestro, el cual te hace despertar de tus ensoñaciones e idealismo que suelen conducir a estados engañosos.
Creo que es importante dos aspectos: el que que proviene de la tradición con sus textos y gurús consecuentes, y de los eruditos y académicos con una preparación exquisita que hoy en día transmiten sus conocimientos en grandes universidades en sus departamentos de estudios asiáticos, y quienes combinan el mundo académico con las prácticas meditativas y yóguicas (Harvard, Stanford, Cambridge, Berkeley, Georgetown, Oxford, Bristol, Lancaster, Soas y un largo etc.). Ahí están Jim Mallinson, Jason Birch, Seth Powell, Jeffery D. Lang, Jessica Frazer, Michael Burley, Gavin Flood, Nick Sutton o el llorado amigo Georg Feurstein. Lo mismo ocurre con los grandes expertos en el Budismo, la meditación Vipassana y Mindfulness entre los que se encuentra el apreciado amigo Abraham Vélez de Cea.
P.- ¿Cómo actualizas tus conocimientos? ¿Te sigues formando con maestros o es una labor más autodidacta?
R.-
La formación debe ser constante. Las fuentes del conocimiento se encuentran en todas partes y la mente está abierta al saber y la experiencia. Sigo visitando maestros de Oriente y Occidente y aportan a mi existencia luz, luminosidad, claridad y humildad. Intento seguir asimismo las enseñanzas de un gran maestro del cual se contaba esta historia:
“Un discípulo se dirige a su maestro y le dice: 'Maestro, vives tantas dificultades y penalidades y siempre veo que estás alegre y positivo. ¿Cómo es eso posible?'. 'Verás', dijo el Maestro, 'cuando me levanto por las mañanas me pregunto, ¿que elijo hoy, tristeza o alegría? Y decido elegir la ALEGRÍA'".


El yoga Iyengar no es un estilo, es un sistema ilimitado

Entrevista con Tais

Tais Gil es profesora de yoga Iyengar en nuestra escuela, formada por Ramón Clares en Yoga Center Madrid y diplomada por la AIPYS. Como nos cuenta en nuestra entrevista de hoy, es una apasionada del yoga y, muy especialmente, del Iyengar. Como siempre, cada profesor nos aporta una increíblemente inspiradora experiencia con esta bella disciplina milenaria.

Pregunta.- ¿Cómo conociste el yoga?

Respuesta.- Conocí el yoga a través de un librito que tenía mi padre, siendo yo niña, y me lo leí y me llamó mucho la atención. Luego, en la universidad, me apunté a clases semanales. Entonces aún no se hablaba de “estilos de yoga”.

P.- ¿Conoces otros estilos además del Iyengar? 

R.- Empecé a practicar yoga sin saber que había estilos. Pero en Yoga Center Madrid empecé con Hatha. Luego probé Iyengar en un intensivo de verano y me quedé.

P.- ¿Dirías que el yoga Iyengar representa más tu personalidad? ¿Por qué?

R.- Sí, desde luego, por eso una vez lo conocí ya me quedé. Pienso que representa mi personalidad porque es un estilo “curioso”, que te hace querer saber más, no solo de las posturas y de las técnicas, sino de todas las posibilidades que ofrece. Y creo que la curiosidad es uno de mis rasgos.

Además, soy matemática (Lógica) de formación base y el estilo Iyengar es explorador y cuidadoso, como las matemáticas. Es como un juego de construcciones: tienes unos axiomas firmes y construyes todo un universo a partir de ahí. Muy creativo. Me exige y me retribuye, sorprendiéndome a cada poco. Y siempre correcto. Me chifla; como las matemáticas.

P.- ¿Qué te aporta como practicante el estilo Iyengar? ¿Y a nivel personal, fuera del ámbito del yoga?

R.- Yo disfruto un montón con la práctica de yoga Iyengar y me marca la agenda. Hago algo que disfruto y que me sienta bien. Estoy mejor si hago yoga que si no lo hago; todo lo que invierto me lo devuelve multiplicado.

P.- ¿Cómo describirías el estilo de Iyengar? ¿Cuál es su “personalidad” y qué le caracteriza?

R.- Para mí no es un “estilo”. El yoga Iyengar, tal como me lo ha transmitido Ramón Clares, es un “sistema”, todas sus piezas encajan perfectamente, y funcionan como una maquinaria precisa y bien aceitada. No le falta nada, no le sobra nada; es ilimitado. Nunca puedes decir que lo tienes, solo que lo buscas.

P.- ¿Qué te aporta el Iyengar a ti y qué crees que aportas tú al Iyengar, con tus clases por ejemplo?

R.- Como he dicho antes, me aporta un gran disfrute, físico e intelectual. Yo no aporto nada, como mucho ayudar a otras personas a descubrir algo bello.

P.- ¿Cómo llegaste a ser profesora de yoga? ¿Nos puedes contar un poco cómo comenzaste ese camino?

R.- Me metí en la formación de yoga Iyengar porque las clases que tomaba me habían despertado la curiosidad. Quería saber más y eso que por aquel entonces no imaginaba cuán grande era este yoga. No soy flexible, ni tengo condiciones atléticas, y tenía grandes dudas de poder seguir el curso. Le pregunté a Ramón si consideraba que estaba preparada para hacer el curso y me dijo que sí. Así que me metí. Mi gran sorpresa fue cuando al terminar el Curso de Profesores me invitó a dar clases en Yoga Center Madrid.

P.- ¿Qué es para ti ser profesora de yoga?

R.- La oportunidad de poder transmitir a otras personas este mundo que yo disfruto tanto.

P.- ¿Cómo son tus clases? ¿Cómo las estructuras?

R.- Trabajamos coordinados, liderados por Ramón. Pero cada clase es única y, aunque empiezo con una idea de lo que quiero hacer en esa clase, permito que sean mis alumnos, lo que veo que van necesitando, lo que me marca los detalles y el camino, dentro de un formato de clase. Como digo, como las matemáticas.

P.- ¿Qué elementos no pueden faltar en tus clases?

R.- Alumnos interesados.

P.- ¿Cuáles son tus fuentes de inspiración para preparar tus clases?

R.- Las clases que recibo de Ramón, el ver cómo resuelve los problemas y situaciones que se presentan. Y claro está, las necesidades de mis alumnos es lo que me inspira cada clase.

P.- ¿Qué deseas transmitir con tus clases?

R.- Quiero que mis alumnos salgan mejor que entraron.

P.- ¿Qué es lo que más te enriquece de la enseñanza del yoga?

R.- Si puedo ayudar a otras personas, no necesito más.


El yoga convierte a nuestra mente en el mejor de los amigos

Entrevista con Madhana I

Madhana Agulla es experto en la filosofía y la ciencia del yoga. Es fundador del centro de Yoga Sananda Internacional y uno de los fundadores de la Asociación Internacional de Profesores de Yoga Sananda (A.I.P.Y.S). Hoy os traemos la primera parte de una entrevista con este gran maestro. Esperamos que os guste.

Pregunta.- ¿Cómo conociste el yoga? ¿Cómo fue tu primer contacto con esta disciplina?

Respuesta.- Existe incertidumbre con respecto a nuestra vida, se manifiesta de una forma u otra el deseo de obtener respuestas ante el misterio de la existencia, las preguntas surgen en la mente de manera continua, como un oleaje que perturba la paz que se busca, al igual que interminables preguntas que anidan en nuestra psique: ¡Cómo aparecemos en el mundo y por qué? Perseguimos la felicidad y siempre se desvanece: sufrimos, buscamos respuestas para apaciguar el dolor; nacer y morir, ¿a qué se debe todo esto? Con estas y otras innumerables dudas y preguntas, comienza en mí, la indagación o la aventura de desentrañar el secreto significado del vivir: ahí comienza el yoga, ahí comienza mi peregrinaje yóguico.
A una edad temprana hay una influencia hacia la fascinación por Oriente, escuchando a mi abuelo relatar vivencias de sus viajes que más adelante se materializa en Inglaterra. Con el tiempo, fue tomando cuerpo lo que Tagore decía: “Occidente es abrir los ojos al exterior, Oriente, cerrarlos para adentrarse en lo Profundo”. Creo que es una magnífica combinación, enriquecerse con lo externo e interno.

P.- ¿Te planteaste al comenzar con el yoga que llegarías donde estás hoy?
R.-
Vivir es estar volcado en un continuo aprendizaje, algo como escalar una montaña que no se finaliza hasta llegar a la cumbre. En esta geografía del yoga, haría referencia a esa famosa frase del Katha Upanisad: “Es más fácil caminar por el filo de la navaja que descubrir la esencia de Brahman”. No creo en metas finitas y limitadas. Quizás exista una especie de nostalgia del Absoluto, como lo decía el gran erudito George Steiner, que te envuelve mediante el desasosiego hasta que éste cese en
un posible estado de plenitud.

P.- Según tu experiencia, ¿por qué comienza a practicar yoga la gente?
R.-
Los motivos son innumerables ya que cada individuo es una especie de célula, que al igual que entre los trillones de células de los que el cuerpo humano está compuesto, cada una tiene sus características y comportamiento. Fundamentalmente diría que para sentirse bien en sus mecanismos piscofisicos, buscando estabilidad emocional y salud integral. Hay una contada minoría que se convierte en un buscador de lo Profundo y pienso que el/la Bhagavad Gita lo cita claramente: “De los mil que me buscan, solamente uno continua el camino; de los mil que continúan, solamente uno llega a conocerme. Sabe muy bien, oh Arjuna cuan difícil es el camino hacia la Liberación”.

P.- ¿Qué aporta el yoga que no aporten otras disciplinas tanto físicas como espirituales?
R.-
Primero convertir a nuestra mente en el mejor de los amigos ya que a través de la angustia, miedos, depresión, desasosiego, preocupaciones, irritación, prisas, negatividad y otros tantos elementos, se convierte en un ladrón que nos roba la calma. Entendiendo el comportamiento de la mente mediante la meditación, salimos de cierta oscuridad hacia una mayor lucidez y claridad y tomamos la vida como una oportunidad de crecer y evolucionar, en vez de optar por lo inmediato, lo pasajero, lo efímero que nos empuja de manera desenfrenada a ser presa de los deseos que nunca cesan. Hay que buscar deseos con calidad y el yoga los proporciona. En cuanto a las disciplinas físicas, no hay más que observar los millones de practicantes de Asanas, o bien acompañados de otros elementos del Hatha yoga, para darse cuenta de los enormes beneficios que generan en todo el
organismo y que, por otro lado, las técnicas del yoga son estudiadas y analizadas por su efectividad en el campo de la ciencia, medicina, psicología y neurociencia. En otras palabras, goza de una gran
aceptación tanto social como médica.

P.- ¿Qué es el yoga para ti?

R.- Un sistema integral de educación, tanto para el cuerpo, la mente y el espíritu.

P.- ¿Cómo lo definirías para alguien que no sabe lo que es?
R.-
Indicaría que es un sistema que le ayudaría a adentrarse en ese bosque enmarañado de pensamientos que configuran su mente con el fin de llegar a descubrirse y a valorar el enorme potencial que posee, para despertar a un estado de mayor equilibrio y armonía del que el ser humano está necesitado, ya que uno conoce mucho sobre arquitectura, literatura,medicina o cualquier otra rama del saber y, sin embargo, es desconocedor de lo que le hace humano: su propia mente.
Asimismo, integraría en esa explicación la necesidad de otros componentes para sentirse bien, tal como el yoga indica: dieta saludable, un ejercicio inteligente y global, que son las prácticas de
asanas de los muchos sistemas de yoga que existen, técnicas de respiración, relajación profunda y una mente positiva que aprenda a discernir, seleccionar lo que es beneficioso en la vida, compartir, y
buscar la dicha combinando la vida cotidiana con el crecimiento interior.

P.- ¿Cuáles son tus fuentes de inspiración para dar clases y para tu vida como yogui?
R.-
La enseñanza de distintos maestros y corrientes tanto filosóficas como métodos de Hatha yoga, compuestos por una gran variedad de sistemas basados en un yoga original que procura impulsar y despertar todo el potencial contenido en el ser humano, hasta prácticas de Ashtanga, Vinyasa, Iyengar, Yogaterapia, Yin yoga, Power yoga, Anusara, Kalari yoga. No faltan métodos de meditación y acercamiento al yoga tradicional, Raja Yoga y poder así aunar cuerpo y mente, sin obviar la inclusión de la riqueza contenida en algo tan descuidado como son las técnicas de Pranayama. En cuanto a lo personal estoy abierto a todo tipo de enseñanzas sin dogmatismos y adentrándome en los territorios de la filosofía, neurociencia, religiones comparadas y la literatura. Evidentemente bebo de las enseñanzas de grandes maestros y de las prácticas yóguicas.


P.- ¿Cómo dirías que ha evolucionado tu relación con el yoga a lo largo de los años? ¿Cómo ves esta relación en el futuro?
R.-
Seleccionando con el máximo discernimiento la riqueza inconmensurable del yoga y distanciándome de la superficialidad que observo en estos tiempos, donde la práctica y enseñanza del yoga se ha convertido en algo monocromático, es decir, solo asanas. Al contrario que otros compañeros en el camino, siento afianzarme en la medida que ciertas experiencias te hacen sentir una mayor amplitud de miras y, por poner un ejemplo más clarificador, podría servirme de aquella historia que Swami Vivekananda contaba: “Una rana vivía en su pozo felizmente y consideraba que era todo lo que existía hasta que un buen día una rana que provenía del océano cae en el pozo y le hace ver a la rana que allí habitaba que existe algo más allá de su experiencia personal y subjetiva. Un Océano profundo que va más allá del yo. Otro nivel de conciencia”.

P.- ¿Qué buscas o qué objetivo tienes practicando yoga?
R.-
Cada quien tiene objetivos diversos. Ananda o dicha, fundamentalmente mientras se transita por la vida, intentando hacerlo con la mayor inteligencia y, procurando aceptar lo que ocurre, compartiendo lo que nos es posible con los demás, ya que todos estamos en el mundo aunque de manera diferente. Armonía, paz, salud…, lo que cualquier ser humano.

P.- ¿Cómo integras el yoga en tu día a día?
R.-
La actitud que intento cultivar: creo que las enseñanzas de Swami Sivananda lo definen en pocas y sabias palabras: “sirve, ama, da, purifícate, medita, realízate”. Todo ello contiene las enseñanzas de los diferentes yogas. Ese es el esfuerzo a realizar.


Enseñar yoga es una incesante fuente de aprendizaje y de satisfacción

Entrevista con Puri

Os traemos la entrevista con Puri, profesora de Hatha yoga en nuestra escuela. Puri da unas clases dulces, cercanas y llenas de ternura, sin dejar de lado la intensidad cuando el momento lo requiere. Hoy nos cuenta un poco más de su relación con el yoga y con su labor como profesora. No dejéis de leerla.

Pregunta.- ¿Cómo empezaste con el yoga? ¿Cómo lo conociste?

Respuesta.- Inicié paulatinamente a practicar yoga hace ya unos 18 años, el primer contacto con la práctica fue con clases de yoga estilo Iyengar y, mediante el trabajo físico, empecé a sentir una serie de beneficios que me hicieron indagar y probar otros estilos hasta encontrar el que más encajaba en mí, y desde entonces no he abandonado la práctica. Al principio no practicaba de manera constante, pero ahora ya está la práctica del yoga de manera integrada en mi vida.

P.- ¿Qué estilos de yoga conoces?

R.- Iyengar, Hatha, Ashtanga, Vinyasa Flow, yoga dinámico, yin yoga, kundalini…, a decir verdad, conocer en profundidad solo Hatha. He tenido la oportunidad de probar y disfrutar de la práctica de diversos estilos y sigo disfrutando al descubrir estilos novedosos para mí.

P.- ¿Cómo describirías el estilo de Hatha? ¿Qué es para ti el Hatha?

R.- El Hatha yoga es un estilo de yoga físico en el que realizamos una consecución de ejercicios, “saludos al sol”, y así vamos preparando al cuerpo para posteriormente llegar a las “asanas” o posturas que mantenemos, tomando siempre como hilo conductor en la práctica la respiración, también se incluyen en este estilo los “pranayamas” ejercicios de control de la respiración. Todo esto con el objetivo de fortalecer no solo el cuerpo, sino también nuestra voluntad, en términos físicos nos ayuda a aumentar la agilidad, la elasticidad del cuerpo y revitalizarnos, a regular los procesos metabólicos del organismo… Todo esto en un proceso en el que el protagonista eres tú mismo, en donde los límites son solo y únicamente tuyos y así se convierte en un trabajo también mental.

Para mí es todo lo anterior y mucho más porque día a día en la práctica descubro aspectos novedosos y distintos.

P.- ¿Qué es para ti el yoga en general? ¿Cómo lo integras en tu vida?

R.- Para mí el yoga es una forma de vida, es una práctica de naturaleza espiritual que se basa fundamentalmente en la experiencia. Es una disciplina, que a través de sus senderos y técnicas busca una nueva percepción, un nuevo sentido de la identidad y del conocimiento de nosotros mismos, una toma de conciencia plena en donde el respeto y el amor hacia nuestros límites y posibilidades es una constante.

Yo lo integro cada día y a cada paso que doy intentando poner conciencia y presencia en cada actividad que realizo, aunque no siempre lo consigo...

P.- ¿Cómo llegaste a ser profesora de yoga?

R.- La inquietud por aprender fue la chispa para hacer el primer curso de instructor y después el de profesor, esa chispa ha ido aumentando a cada paso que he ido dando en este camino va aumentando la inquietud y el deseo por superar obstáculos y ganar en confianza y humildad.

P.- ¿Qué es para ti ser profesora de yoga?

R.- Para mí es una fortuna poder compartir un poco de los beneficios que me aporta el yoga, saber que puedo ayudar en una clase a alguien a sentir un instante de bienestar, de fortaleza, de alegría o de paz, le da todo el sentido a la enseñanza. Es para mí todo un privilegio y también una incesante fuente de aprendizaje y de satisfacción.

P.- ¿Cuánto hay de preparación y cuánto de improvisación en tus clases?

R.- Siempre preparo las clases pensando en los alumnos, en sus necesidades, en su progresión, en sus objetivos y dejo un espacio para la “intuición”, aunque tenga la clase estructurada permito y dejo que las sensaciones fluyan con el grupo con la intención de hacer una clase por y para los alumnos.

P.- ¿Cuáles son tus fuentes de inspiración para preparar tus clases?

R.- Me inspira casi todo, la naturaleza, las lecturas de los grandes maestros, mis profesores y la vida cotidiana; observo, tomo nota y en algún momento a veces sin planearlo surge en clase, también debido a mi trabajo tengo la oportunidad de viajar constantemente, y aprovecho para asistir a clases, cursos o seminarios y de ahí extraigo mucho, me encanta asistir a clases y descubrir formas distintas de enseñar, de transmitir de entender el yoga.

P.- ¿Qué deseas transmitir con tus clases? ¿Cuál es tu objetivo con tus clases?

R.- Busco transmitir que, a través del trabajo físico, podemos cultivar casi sin darnos cuenta aspectos más profundos como la concentración, la confianza en uno mismo, la fortaleza, la voluntad y todo esto desde la calma, la paciencia y sobre todo el amor y la aceptación hacia uno mismo. Mi objetivo es que a salir de la sesión te sientas bien, con la sensación de haber trabajado el cuerpo, pero también con un poco de relajación mental.

P- ¿Qué es lo que más te enriquece con la enseñanza del yoga?

R.- Hay muchos aspectos en mi vida que se ven enriquecidos con la enseñanza, la capacidad de compartir y dar, la capacidad de recibir también, en mis clases los alumnos me enseñan más de lo que yo haya podido aprender en los libros, al salir de clase me siento llena de energía y con una sensación de bienestar que solo al enseñar recibo.


El yoga Iyengar cambia 'lo que pasa' en cada rincón del cuerpo-mente

Entrevista con Fernando

Hoy tenemos el placer de traeros la entrevista a Fernando González, profesor de Iyengar en Yoga Center Madrid. Fernando da clases en nuestra escuela y forma parte del profesorado de formación del estilo Iyengar. En esta charla hemos conocido un poco más sobre este gran profesor, una persona muy cercana y transparente, os invitamos a conocerle un poquito más.

Pregunta.- ¿Cómo conociste el yoga?

Respuesta.- El primer contacto que tuve con el yoga fue a través de un libro. No sabía nada del yoga y, estando en una librería de Madrid, vi el libro de Antonio Blay, Hatha-Yoga. Me llamó mucho la atención la frase que ponía en portada “Guía completa para la aplicación práctica de esta ciencia milenaria de la India al desarrollo físico y mental de la personalidad”. Hojeé el libro y lo compré. Al llegar a casa durante unos días leí algo, pero terminó en un cajón. Al año lo saqué del cajón y comencé a practicar en casa, en unas semanas practicaba en casa todos los días. Me estaba sentando muy bien la práctica y también crecía la inquietud de saber más. Estaría un año, más o menos, disfrutando de practicar en casa y sin ir a un centro. Me fui informando sobre yoga. Mirando hacía atrás reconozco que este primer encuentro estuvo bien, pero no puedo ver la calidad, solidez ni alcance que hoy en día tiene lo que practico sin la evolución que tuvo en los siguientes años, desde el camino que fue cogiendo esta inquietud de saber más.

P.- Antes de conocer el yoga Iyengar, ¿has practicado otros estilos? ¿Qué te hizo decantarte por el Iyengar?

R.- Sí, practiqué Hatha yoga en distintos centros, poco tiempo, hasta dar con Yoga Center Madrid donde hice la formación de Hatha. Creo que ese primer acercamiento que tuve al yoga, desde un libro y practicando solo en casa, despertó y alimentó la inquietud de saber más sobre unas posturas y disciplina que me estaba sentando genial. En este periodo no sabía nada de estilos de yoga, me fui enterando después de que había distintos estilos.

En el curso de instructor de Hatha yoga teníamos una asignatura de Yoga Iyengar, impartida por Ramón Clares. Esta propuesta fue la que resonaba con la inquietud de saber más de las asanas y pranayama y de cuidar más de lo que hacían los alumnos que tenía en clase (ya daba clases de yoga). Mis preguntas no solo se contestaban, sino que desde esta visión me abría cada vez más a unas posibilidades latentes, pero dormidas, cobrando la práctica mayor sensatez, lógica y coherencia.

P.- ¿Qué te aporta como practicante el yoga? ¿Y en tu vida fuera de la esterilla?

R.- La práctica siempre me recuerda que todo se puede hacer mejor y me pone en acción con respecto a ello, despertando esas cualidades y esa aptitud fundamentales para ello, resultando en un bienestar por ser un estímulo potente para el cuerpo-mente. No recuerdo que una sesión de práctica no me haya dejado mejor que empecé, ¡siempre me sienta bien!

¿En mi vida fuera de la esterilla? La práctica despierta y renueva el cuidado con respecto a la calma y reequilibrio. El efecto de esto llega, en mayor o menor medida, en la relación con todo. Cada día, lo que se tiene, lo que toca y hasta donde llegue. Lo dicho, siempre me deja mejor que estaba al empezar la práctica.

P.- Desde tu experiencia, ¿cómo definirías el estilo de yoga Iyengar?

R.- Es el estilo “único”, el que cambia “lo que pasa” en cada rincón del cuerpo-mente. Es una propuesta sensata, saludable y reconocible (antes o después) como la posibilidad de reequilibrarnos y cuidarnos. Es una herramienta para el conocimiento propio; supone choque y cohesión. Es algo que me divierte, me gusta y lo disfruto porque siempre termino mejor de lo que empecé. Es diferente, es otra cosa.

P.- ¿Qué te aporta el Iyengar a ti y qué crees que aportas tú al Iyengar, con tus clases?

R.- Me aporta la posibilidad de cuidar mi salud de forma integral. Un enfoque profesional, digno y enriquecedor. Me lleva una vez más al punto de partida de lo sensato y equilibrado Me vuelvo a repetir: ¡siempre me sienta bien! Mirando hacia atrás (y a un futuro) yo aporto fidelidad en la práctica y enseñanza junto con dedicación sincera.

P.- ¿Cómo llegaste a ser profesor de yoga?

R.- Siendo practicante entregado a descubrir. Ser profesor llegó con el tiempo.

P.- ¿Qué es para ti ser profesor de yoga?

R.- Aprender y seguir aprendiendo. Enseñar y corregir. Ayudar a otros a desarrollar y aprender la propuesta.

P.- ¿Cómo son tus clases? ¿Cómo las estructuras?

R.- Las clases son y se estructuran desde y con la pedagogía que aprendemos en la formación de Iyengar, en Yoga Center Madrid. Se renuevan y actualizan desde esta formación, viva, que impartimos en el centro.

P.- ¿Qué elementos no pueden faltar en tus clases?

R.- La práctica personal, el seguir aprendiendo. ¡Ah! y un “¡¡¡retalillo!!!” (risas).

P.- ¿Cuáles son tus fuentes de inspiración para preparar tus clases?

R.- La formación continua con Ramón Clares, tomar clases, los compañeros, los alumnos, la práctica personal.

P.- ¿Qué deseas transmitir con tus clases?

R.- Que el alumno que llega y está en la clase será atendido y cuidado en su recorrido de forma profesional y amistosa.

P.- ¿Qué es lo que más te enriquece de la enseñanza del yoga?

R.- Creo que esos momentos en los que energía, afecto e inteligencia son demandados y se expresan.

P- También participas en los cursos de formación de profesores, ¿cómo enfocas esta experiencia? ¿Qué te aporta?

R.- Es la posibilidad de compartir esta pasión de ser profesor. Me aporta renovación, espabilar, el no dormirse (lo que llamamos amanerarse).

P.- ¿Qué te gusta más, tu labor como profesor de profesores o de alumnos que vienen al centro a practicar? ¿Por qué?

R.- Disfruto las dos situaciones, con sus diferencias y similitudes. Las dos me hacen entender mejor esta labor de ser profesor.

P.- ¿Dirías que el yoga Iyengar es para todo el mundo o para un perfil concreto de practicante?

R.- Lo que pasa es que al probar, unos se quedan y otros se van. Reequilibra una pisada, una rodilla, lumbares, cervicales, etc., despertando atención, el cuidado, el interés y afecto, no perder el humor, creo que para todo el mundo es útil.


Enseñar es aprender; es un diálogo constante con los alumnos.

Entrevista con Chrystiany

En esta ocasión hemos tenido la oportunidad de hablar con Chrystiani, una de las profesoras más creativas de Yoga Center de los estilos de Iyengar y Hatha Yoga. Chrys también forma parte del profesorado de formación y ofrece talleres muy interesantes sobre distintos aspectos del yoga. Este verano tendremos la suerte de contar con ella en uno de nuestros retiros en Mondariz. Te animamos a leer la entrevista para conocerla un poquito mejor.

Pregunta.- ¿Cómo fue tu primer encuentro con el yoga?

Respuesta.- Por recomendación médica, ya que en Brasil, hace más de 20 años, me lo recomendaron para aprender a gestionar el estrés. La primera clase fue increíble, una experiencia que cambió el rumbo de mi vida; aunque, en ese momento, no lo supiera. Aun así reconozco que sigo siendo nerviosa, en el fondo; pero ahora tengo herramientas para gestionarlo.

P.- Conoces varios estilos de yoga, ¿con cuál sientes que conectas más? ¿Por qué?

R.- He practicado varios estilos, el Hatha yoga estilo Rishikesh como se enseña en Yoga Center ha sido con el que más me he identificado. Luego he conocido el estilo Iyengar también en Yoga Center. Hoy practico asiduamente ese estilo que me abrió un nuevo horizonte. ¡Pero no me pidas elegir!

P.- De los estilos que conoces y das clases, ¿cuál te gusta más enseñar y por qué?

R.- Enseñar es aprender. Es un diálogo constante con los alumnos, cada estilo me da satisfacción de una forma diferente. El Hatha me divierte, los alumnos quieren nuevos desafíos y la creatividad es importante. El Iyengar es más técnico, no aporto nada o lo invento, ya está todo hecho; tiene una estructura a seguir, unas pautas que hacen que los alumnos avancen desde la calidad de la práctica.

P.- ¿Cómo llegaste a ser profesora de yoga? ¿Te llevó la vida a ello o fue una decisión consciente?

R.- Sinceramente se dio así. Cuando me trasladé a Madrid quise hacer un cambio en mi vida y así lo fue. Había hecho cursos en Brasil y enseñaba a los amigos. Enseñar me divertía y llegué a Yoga Center en 2004, donde me formé y aún continúo formándome. Siempre digo que ese es un camino sin vuelta.

P.- ¿Qué es lo que más te gusta de dar clases de yoga?

R.- Dar y recibir define una clase de yoga; recibo mucho de los alumnos y al mismo tiempo yo me entrego. Me divierte y en ese momento cuando estoy en la clase, no existe nada más fuera de esas paredes, es impresionante.

P.- ¿Qué elementos no pueden faltar en una de tus clases?

R.- Me encanta trabajar con props, paredes... Y esos elementos ayudan o enseñan un nuevo camino, pero al final quien hace la práctica es uno mismo con su esterilla.

P.- ¿Cómo preparas tus clases? ¿De dónde sacas la inspiración para diseñar tus clases?

R.- Cada profesor entrega lo que tiene, enseña lo que le gusta practicar y dice lo que le gusta oír. Aprendo de mis profesores, lo vivo, lo transformo en mi experiencia para poder transmitir. Toda clase tiene un enfoque, un objetivo

P.- ¿Cómo integras el yoga en tu vida diaria?

R.- El yoga va calando en el ser humano en distintos niveles: físico, mental..., sin separación entre ambos. La práctica nos cambia sin que nos demos cuenta; no hace falta poner la mente para analizar, no es un esfuerzo, no hay una intención. Sencillamente el cuerpo agradece y se expande, la respiración se hace plena y la mente se aquieta, la meditación pasa a ser una consecuencia, un estado de plenitud. Así que, ¿qué más necesitamos?

P.- Conociendo varios estilos, ¿cómo sueles hacer tu práctica personal para poder practicar todos esos estilos? ¿Te resulta complicado separarlos o unos estilos complementan a otros sutilmente?

R.- ¡Mezclar estilos es para pocos! Puede haber grandes maestros que estudiaran y practicaran diversos estilos durante muchos años. Cada estilo tiene su gracia, su camino y su momento. Cuando empezamos a estudiar otros estilos todo se confunde, se mezcla, pero ¡quedarse ahí es un error! Separarlo lleva tiempo y dedicación. Pero creo que conocer varios estilos te hace mejor profesor y practicante.

P.- ¿Qué es lo que más te gusta del yoga?

R.- Que el yoga es para todos, su poder transformador. Si eres constante disfrutarás de sus beneficios.

P.- También estás formada en Pilates, desde tu punto de vista profesional y por tu experiencia, ¿qué disciplina es más completa y aporta más al alumno?

R.- Estoy formada en Pilates que es un ejercicio consciente y respetuoso con el cuerpo. Pero no me gusta comparar, la comparación no aporta nada a la práctica y todas esas disciplinas son prácticas. Comparar es cosa de la mente.

P.- También eres profesora de los cursos de formación en Yoga Center Madrid. ¿Cómo comenzaste con esa bella tarea?

R.- Gauri me invitó a ser parte del grupo de profesores de formación de Hatha yoga y fue un honor para mí; me abrió un camino muy gratificante. Tengo mucho que aprender en esa área; es un nuevo enfoque, hay que respectar los ritmos, las diferencias, saber identificarlas para sacar lo mejor de esos futuros profesores.

P.- ¿Qué te aporta como profesora y como practicante de yoga colaborar en estos cursos de formación?

R.- Reconocer que el aprendizaje es distinto para cada uno es muy importante. Un alumno de formación viene abierto, deseando saber más, pero también viene con su bagaje, con su forma de ver el yoga, con sus dudas que un día fueran las mías y que quizás tengan mis alumnos. Eso me da información valiosa para enseñar y practicar. Ellos aprenden mucho y yo la que más.

P.- Vas a hacer un retiro de Hatha yoga este verano en Mondariz. ¿Nos podrías adelantar un poco en qué va a consistir?

R.- Será un encuentro para compartir nuestras experiencias, disfrutar y fluir. El objetivo es que nos adentremos en la práctica con amabilidad, desde un ritmo suave. Juntos iremos profundizando y abriendo espacios que permitan una respiración amplia, plena y que se convierta en nuestra guía. Habrá meditación, pranayamas, cinco talleres monográficos en los que abordaremos distintos aspectos del yoga y también una práctica que incluya posturas restaurativas, tan necesarias para equilibrar nuestra práctica.


El yoga es la vida misma, una forma de vivir consciente y libre.

Entrevista con Nerea

Hoy os traemos una entrevista de lo más interesante, con una de las profesoras de las clases de Hatha Yoga y de los cursos de formación en Yoga Center Madrid: Nerea Esbrit. Nerea tiene una amplia trayectoria en el mundo del deporte, un mundo de exigencia y su relación con el yoga marcó un antes y un después, un paso de la exigencia a la excelencia. Os invitamos a leer su entrevista, su experiencia es fascinante.

Pregunta.- Vienes de un ambiente deportivo muy exigente y el yoga busca fluir y no forzar el cuerpo. ¿Cómo has conciliado esa visión exigente con lo que persigue o pretende el yoga? ¿Sigue teniendo influencia sobre tu práctica de alguna manera la exigencia anterior?

Respuesta.- Sí, vengo de haber practicado desde los 7 hasta los 16 años gimnasia deportiva de alto rendimiento en el equipo nacional y participando en mundiales, europeos y juegos del Mediterráneo, en un entorno muy exigente, perfeccionista y donde se utiliza el cuerpo para conseguir resultados. Suena duro pero en términos generales es lo que ocurre. Tanto es así que me alejé por completo de ese mundo que tuve que dejar por una lesión mal tratada que terminó en operación y 6 meses de rehabilitación y que me impidió ir a Los Juegos Olímpicos de Seúl. Estuve probando diferentes deportes para estar en forma y sentirme bien, pero nada me convencía, hasta que di con el yoga, y ahí encontré un mundo fascinante, donde al cuerpo se le considera de otra manera, desde el respeto y la amabilidad, y para mi eso fue fundamental. Ahora ya con más de 15 años de práctica de yoga, lo que te puedo decir es que realmente no concilio esa visión exigente, si no que he decidido soltar esa exigencia, no me sienta bien, ni me lleva hacia el bienestar.

P.- Según tu experiencia, ¿se puede ser exigente también en yoga o hay que huir siempre de esa exigencia? ¿Cómo encuentras un equilibrio entre ambos aspectos?

R.- Bueno, huir no sería mi opción, sino más bien mirar esa exigencia de frente, ver qué necesidades está cubriendo y para qué la busco, y en función de lo que observe decidir si quiero seguir siendo exigente o prefiero vivir la vida de otra manera, porque al final para mí el yoga es la vida, es una forma de vivir, con principios y propósitos determinados. Pienso que cuando tratas de evitar algo o lo rechazas, se refuerza, así que más bien lo que he hecho es aceptar esa tendencia mía, hacerme amiga de ella, reconocer lo que me ha aportado hasta ahora y ser consciente de lo que no me hace bien. Es amarla en lugar de rechazarla, y ahí es donde hay encuentro.

P.- ¿Cómo sientes que tu trayectoria como deportista de élite ha marcado o marca tu relación con el yoga?

R.- Pues lo ha marcado bastante, por lo que comentaba antes, en algunos aspectos el deporte de alto rendimiento o élite es lo opuesto a los propósitos del yoga, y yo he tenido la oportunidad de profundizar en ambos universos. Mi experiencia personal con la gimnasia de élite fue de abusos de límites, de graves lesiones, de desconexión de mi cuerpo y mi mente, aprendí a no escuchar al cuerpo, a bloquear o negar las señales que me mandaba, tanto es así que estuve entrenado un año entero con una fisura en el codo, la mente controlaba, utilizaba al cuerpo como a un esclavo. El cuerpo era el siervo de la mente y estaba a merced de la obtención de resultados/medallas. Esa creencia de que para conseguir algo hay que sufrir creo que es muy perjudicial. La meditación y la práctica corporal me han ayudado a conocerme, a observarme y escucharme, a reconectarme, a conectar mi cuerpo y mi mente, a que ambos trabajen juntos, y ver con más claridad mi propósito de vida. Es como que he visto el lado oscuro y eso me permite distinguir claramente la luz. Ha sido un proceso duro porque he sido ahora más consciente de los abusos que suponía esa práctica deportiva a ese nivel. Valoro, agradezco y empleo lo que he aprendido de esa experiencia.

P.- ¿Cómo se pasa de la exigencia a la excelencia?

R.- Estando en contacto con nuestro propósito. Y siendo conscientes de que frecuentemente el precio que pagamos por los resultados es demasiado alto si no hemos disfrutado el camino, que en el camino está la vida más que en el destino.

P.- ¿Cómo conociste el yoga?

R.-Pues después de abandonar el deporte por completo, con los años me sentía como que me faltaba algo y buscaba algún tipo de ejercicio físico con el que me encontrase mejor, pudiese practicarlo regularmente, y mejorase mi salud. Después de probar algunas cosas di con unas clases de yoga, enseguida me di cuenta que se trabajaba el cuerpo de una manera con la que sentía más conexión, con ese detalle, ese cuidado, con ajustes anatómicos, con amabilidad y sin forzar, sin “empujar”, con un sentido más profundo…, y seguí por ahí.

P.- ¿Qué es lo que más te ha aportado el yoga hasta el momento?

R.-Bueno, además de todo lo que he comentado antes, y resumiendo, la meditación ha supuesto un cambio en mi vida, ha sido el descubrimiento más maravilloso para mi, que me ha permitido reencontrarme. La práctica corporal es fundamental en mi día a día, Y además me ha ofrecido una de las cosas más bonitas que me han pasado que es poder compartirlo con los demás al dar las clases, y satisfacer esa necesidad mía de ayuda y de crecimiento personal. Me ha aportado ver y vivir la vida de otra manera.

P.- ¿Cómo comenzaste a ser profesora de yoga? ¿Qué te llevó a ese camino?

R.- Pues aquí en Yoga Center, un día al finalizar la clase Mabel me preguntó que si quería hacer el curso de Instructora y yo dije “¿Yo? ¿Para qué?”. No me veía ni en sueños siendo profesora de yoga…, y me dijo la palabra mágica para mí: “puedes hacerlo para profundizar más”. Y yo, que soy muy curiosa, pues se me iluminaron todas las bombillas, y dije que sí. Y fue el comienzo de algo genial. Y pasito a pasito aquí estoy. Quiero dar las gracias a Mabel, a Gauri y a Wes por las oportunidades que me han dado en Yoga Center.

P.- ¿Qué es lo que más te gusta de ser profesora de yoga?

R.- Lo que más me gusta es el compartir, el poder transmitir lo que voy aprendiendo y que me es útil, y dárselo, entregárselo a otros por si les vale a ellos también, eso es lo que más me gusta. Y lo bien que me siento después de cada clase, es algo inexplicable que cada día me sorprende.

Las clases de formación me apasionan, ver el proceso de cada alumno me encanta, ese aprendizaje y transformación personal que ocurre en cada curso es emocionante e inspirador para mí.

P.- ¿De dónde sacas la inspiración para tus clases?

R.- Pues procuro nutrirme del día a día, de lo que voy aprendiendo, de mi experiencia y experimentación personal, de otros profesores, de los alumnos (sus preguntas inspiran, sus comentarios…), de lecturas, me inspiro también de otras formaciones que realizo.

P.- ¿Qué intentas transmitir en tus clases?

R.- Depende del día, pero en general, eso de lo que hablábamos, del autoconocimiento, empezando por las partes más externas, por la piel e ir buceando hacia dentro, hacia nuestro interior, poco a poco y paso a paso.

P.- ¿Cómo está el yoga presente en tu vida? ¿De qué manera te acompaña en tu día a día?

R.- Está presente constantemente, es que para mí el yoga es vida o la vida es yoga, en el sentido de que es una forma de vida, es una forma de vivir consciente y libre, en la medida de lo posible y según las circunstancias (sin exigirse, amablemente).

Más concretamente, pues medito cada mañana media hora, y en función del día y los otros compromisos que tengo practico Hatha Yoga al mediodía o por la tarde, procuro poner atención a la alimentación, a lo que pienso, a lo que digo, a mis hábitos y mi comportamiento.

P.- Si encuentras en tu clase a una persona que viene del mundo del deporte y con una visión de competitividad, ¿cómo le transmites el yoga y esa idea de no competir y fluir?

R.- Me gustaría resaltar que hay competitividad en muchos aspectos de la vida, no solo en los que vienen del mundo del deporte, por ejemplo en la moda, en la política, en las empresas…, incluso en el yoga. O sea, que es algo que todos podemos observar en nosotros independientemente de nuestra actividad. En el deporte se hace más visible, y se le ha dado una forma, pero es algo que va con la persona.

Pienso que estamos en una sociedad que fomenta la competitividad porque cree que es la única manera de avanzar y mejorar, poniendo sólo el foco sólo en la obtención de resultados. En ese sentido les muestro que hay otras formas, otros caminos.

P.- ¿Qué es para ti el yoga?

R.- El yoga para mi es bienestar y plenitud fruto de la unión, de la conexión. Es presencia. Es ahora. Es una sonrisa que se me dibuja en los labios.

P.- ¿Cómo ha evolucionado tu relación con el yoga desde que empezaste hasta el día de hoy? ¿Cómo crees que seguirá evolucionando?

R.- Mi relación con el yoga ha evolucionado en la medida en que yo he evolucionado. Van de la mano. Al principio parece como todo muy teórico y muchas cosas que recordar, pero con la práctica va formando parte de tu día a día. Recuerdo que ya haciendo el curso de profesores, cuando iba a clase desde la oficina (era directora financiera en la empresa familiar) me preguntaba cómo podía integrar el yoga en mi vida, me parecían mundos tan extremos… Y con el tiempo me di cuenta de que pasé a preguntarme cómo podía integrar mi trabajo en el yoga, poco a poco se fue transformando mi forma de vida, y te das cuenta de que es todo uno. Creo que mi relación con el yoga seguirá evolucionando según mis necesidades vitales, ahora mismo me veo toda la vida practicando de una u otra forma, continuando ese reencuentro conmigo misma, y compartiéndolo con los demás. Pero concretamente no lo sé. Me gustaría seguir dando clases y enfocarme en la formación y en transmitir lo que voy aprendiendo.


Narayani, una travesía por el yoga auténtico

A principios de este 2018, tuvimos la suerte de tener en Yoga Center Madrid a Narayani, una verdadera yoguini. Os hablo desde mi humilde experiencia, ya que aquella fue la primera vez que la vi en persona y que la conocí; fue la primera vez que sentí lo que significa “Bhakti yoga”, que viví en primera persona el yoga auténtico, las raíces, la tradición combinada con la modernidad, todo en una entrañable mujer de sonrisa incesante.

Recuerdo como si fuera ayer que estábamos sentados en aquella sala de luz tenue, con la preciosa imagen de Swami Vishnu Devananda presidiendo la sala, al lado de unas cálidas velas, cada uno de nosotros en su charla particular con los compañeros o consigo mismo, como pequeños oasis a la espera de la dulce lluvia. Y, entonces, se hizo el silencio: Narayani había llegado. No la habíamos visto, pero su presencia inundó la sala de un modo extraordinario, como una ola inesperada cuya presencia desata un suspiro de dicha. Narayani observó su entorno, nos miró a cada uno con una afable curiosidad, con una sonrisa que automáticamente nos dibujaba a nosotros el mismo gesto en nuestros labios y en nuestro corazón: una sonrisa que permanecería constante durante los tres días del taller.

Resulta complicado expresar en palabras la inenarrable sensación de paz, bienestar, amor, cariño y conexión que desató la presencia de esta gran maestra entre todos los allí presentes. Personalmente os recomiendo probar al menos una clase con ella, para sentir esa tierna armonía, esa suave calma, ese dulce sosiego combinados con una exigencia en la práctica que os lleva a descubrir nuevos horizontes en vuestra práctica, que os aporta una perspectiva nueva y tradicional, moderna pero que bebe de las raíces del auténtico yoga.

Tanto si sois profesores como si sois practicantes, los talleres y seminarios con Narayani transportarán vuestra práctica a un universo de infinitas posibilidades. Experimentaréis con vuestro cuerpo, con vuestra mente y con vuestra alma; descubriréis nuevas facetas del yoga, de la práctica, del sentir y el ser. Narayani no le habla solo al cuerpo, a lo físico, sino que también se dirige al espíritu, a la mente, a nuestro sí-mismo. La práctica física se combina con multitud de sensaciones, apelando a nuestros cinco sentidos y a la atención plena y constante en el aquí y ahora. Porque el objetivo es buscar un equilibrio que supere las barreras físicas y vaya a nuestro yo más sutil. Narayani nos guía con profundo amor por un sendero de autodescubrimiento en el que otro de los más bellos elementos es el canto: cuando ella entona los Kirtan, nos traslada a un estado de meditación común, en la que todas nuestras voces vibran al unísono, estremeciendo nuestros cuerpos, que también cantan junto a su voz. Todo nuestro ser canta, se embriaga, se funde con el yoga mismo.

Es, pues, una práctica holística que apela a todos los niveles: corporal, mental, espiritual, sensorial, sutil... Una oportunidad de sentir y vivir lo que es el yoga, de trazar un camino común en nuestra práctica del yoga. Un regalo para practicantes y profesores por igual, donde los límites no existen: solo existe la práctica y el disfrute, la experimentación y el juego. Y, sobre todo, el aprendizaje constante. Eso fue lo que yo viví en enero; eso es lo que os invito a probar.


Quiero que mis alumnos se miren a sí mismos, que se escuchen

Entrevista con María

María Freire es profesora de Hatha, Ashtanga y Vinyasa Flow en Yoga. En una entrevista con ella, hemos tenido la oportunidad de conocer su trayectoria como profesora y como yoguini. Os invitamos a leerla para que la conozcáis un poquito más y que su bella experiencia os inspire.

Pregunta.- ¿Cómo conociste el yoga?

Respuesta.- Cuando recibí mi primera clase de yoga, en 2004, estaba en un momento difícil de mi vida, tratando de superar una problemática que me tenía sumida en un estado casi de ansiedad. Conocía a Teresa del Pozo, mi primera profesora, de su herbolario, que yo frecuentaba cerca de mi casa. El resultado de aquel primer contacto con el yoga fue caer en un profundísimo sueño durante el relax final de la clase y despertar en un desconcertante estado de calma y bienestar. Aquella situación me marcó porque hacía mucho tiempo que no sentía ese sosiego.

P.- ¿Cómo llegaste a ser profesora de yoga? ¿Nos puedes contar un poco cómo comenzaste ese camino?

R.- Tras aquella experiencia, seguí acudiendo a clase durante los años siguientes hasta que tomé la decisión de profundizar y comencé la formación de Hatha Yoga en Yoga Center Madrid. En aquellos tiempos mis conocimientos se limitaban a lo que había aprendido en esas clases porque mis estudios y mi experiencia profesional eran jurídicos. Había sido abogada y oficial de notaría, ámbitos muy distantes respecto a esta nueva disciplina. Pero aquel primer curso de Instructora de Hatha Yoga me abrió un nuevo mundo lleno de perspectivas e ideas diferentes, lecturas inéditas para mí, nociones de anatomía, modos y maneras de enseñar y una amplia serie de conceptos, criterios y conocimientos enriquecedores. Progresivamente fui adentrándome cada vez más, comenzando a asistir al profesor en las clases, siguiendo mi formación en el curso de Profesora de Hatha y pronto siendo yo misma la que impartía clases. Cuanto más avanzaba, más me interesaba. Y por eso continué los estudios de Meditación y de otros estilos, Ashtanga Vinyasa y Vinyasa Flow.

P.- ¿Qué estilos de yoga conoces?

R.- He experimentado distintas prácticas que me aportan diferentes sensaciones e implican distintas facetas de mente y de cuerpo. Tengo claro que todos son manifestaciones de una misma cosa: centrar la atención, ejercitar el cuerpo físico, conectar con la respiración, trabajar el autoconocimiento, ser consciente, abrir la mente, aprender la compasión y la empatía, la relajación y la quietud, la búsqueda del equilibrio y la flexibilidad.

P.- ¿Qué te aporta cada uno?

R.- Para mí Hatha es la base, los fundamentos, el punto de partida. Yo, de formación básicamente jurídica, lo comparo con el Derecho Civil como base de nuestra organización jurídica. Acudo regularmente a clases de Iyengar porque valoro mucho la precisión y la alineación de las posturas y me beneficio de su efecto terapéutico. Me ayuda a ejercitar la paciencia y a aprender cómo todo nuestro cuerpo está conectado desde su interior. Ashtanga es la fuerza, el vigor, la exigencia, la constancia, el ritmo, la respiración, la resistencia. Seguir la serie de Ashtanga es un auténtico reto para entrenar la fuerza de voluntad y combatir la desgana y el desánimo. Y Vinyasa es una práctica divertida, dinámica, variada y fluida, que requiere una actitud abierta a la creatividad y al cambio.

P.- ¿Tienes un estilo favorito?

R.- No, porque cada uno de ellos tiene su personalidad, pero nunca los he encontrado excluyentes; al contrario se complementan y suman beneficios.

P.- ¿Dirías que todos los estilos que conoces te ayudan a sacar lo mejor de cada estilo para tus clases?

R.- Como practicante, aprendo de manera ecléctica y aprovecho las características no sólo de cada estilo, sino de cada profesor que aporta su propia personalidad a cada clase. Como profesora, el resultado de compatibilizar estos estilos es muy enriquecedor porque cada uno añade sus peculiaridades a la manera de enseñar. Conocer los diferentes estilos me permite hacer hincapié en distintos aspectos: Ashtanga y Vinyasa traen el dinamismo a mis clases, pero Iyengar hace que no dejemos nunca de insistir en la alineación de cada postura y utilizar los elementos de ayuda que sean necesarios para adaptar la práctica a las peculiaridades de cada alumno.

P.- ¿Cuál es tu objetivo con tus clases? ¿Cómo las estructuras?

R.- El objetivo de mis clases es crear un espacio donde mis alumnos hagan un paréntesis para dedicarse a sí mismos. Por eso empezamos siempre con una breve toma de consciencia para preparar la mente y el cuerpo. En líneas generales, y tras calentar con una serie bastante dinámica de saludos al sol, practicamos una sucesión de posturas que puede variar y adaptarse a las necesidades de los alumnos y al estilo de yoga de que se trate. La clase concluye con una relajación final para integrar todo lo practicado y llegar a un estado de calma y sosiego.

En todas mis clases, insisto mucho en la respiración consciente y en que los alumnos la mantengan siempre fluida y constante. Para mí es fundamental que la atención se mantenga plenamente en las sensaciones y sin juicio durante toda la sesión.

Mi meta es que mis alumnos salgan de la clase sintiéndose mejor que cuando entran. Considero que no puedo ofrecer más que elementos para que sean ellos mismos quiénes experimenten desde su trabajo personal. Que no me miren a mí, que se miren a sí mismos, que se escuchen. Soy solo una compañía en su camino de autoconocimiento hacia la calma.

P.- ¿Cuáles son tus fuentes de inspiración para preparar tus clases?

R.- Mi propia práctica personal es una fuente de inspiración para preparar mis clases. Observar cómo responde mi cuerpo, cómo va evolucionando, en qué orden y a qué velocidad colocar las posturas para equilibrar la práctica, o cómo influyen las variaciones del estado de ánimo u otras condiciones sobre la actividad física, si un día es más importante centrarse en la relajación, o en la respiración o en una u otra postura son datos esenciales para avanzar en la enseñanza.

La lectura de distintos textos de yoga es muy reveladora y me sugiere siempre nuevas formas y perspectivas. Las redes sociales se han convertido en un escaparate para conocer cómo respira la comunidad del yoga en la actualidad. Y recibir clases de otros profesores y de distintos maestros es siempre una fuente de inspiración y aprendizaje necesaria.

Pero lo que me proporciona una información de calidad es el análisis de los alumnos, su progreso, su reacción en las clases, lo que me comunican al salir. Sin esa comunicación me parece imposible la enseñanza.

P.- Después de todo este recorrido y “aventura” con el yoga, ¿con qué te quedas?

R.- Dar el volantazo para abandonar lo jurídico y sumergirme en el mundo del Yoga ha sido una decisión muy importante en mi vida. En ambos ámbitos siento que puedo ayudar a los demás y eso para mí es lo más importante.

Pero ser profesora de yoga es también ser una aprendiz. Somos alumnos de la vida; yo siempre he buscado explicaciones, nuevas vías de conocimiento, oportunidades para mejorar a nivel tanto físico como mental y, en general, herramientas para crecer personalmente. Y la enseñanza es un instrumento muy valioso para conocer a las personas, para acercarte a ellas y comprender la variedad y la diversidad del ser humano, aceptar las distintas sensibilidades y mentalidades, la singularidad de cada uno, pero también lo que nos une a todos.

Además, considero que el Yoga es un sendero seguro para transformar nuestro estado emocional, porque la observación y el dominio sobre el cuerpo y la respiración nos conducen a la calma y la estabilidad. La relajación yóguica tiene un valor enorme para sosegar el sistema nervioso. Y la práctica continuada nos ayuda a tomar distancia, a relativizar y a ser más ecuánimes.

He observado que existen muy diversas motivaciones para acercarse a esta disciplina. Para mí todas son válidas. Pero he visto que la razón que nos lleva a nuestra primera clase de yoga suele transformarse en algo más profundo porque el yoga nos ofrece una amplísima lista de beneficios más allá de lo físico.

Todo esto es lo que el yoga, su práctica y su enseñanza me aportan. Y lo que yo puedo ofrecer. A la espera de lo que está por llegar…


Todo el mundo que lo desee de verdad puede practicar cualquier estilo de yoga

Entrevista con Esther

Esther Armero es profesora de Ashtanga Vinyasa y Vinyasa Flow en Yoga Center Madrid. En la entrevista de hoy nos cuenta cómo siente el yoga, cómo se formó y nos habla de estos dos bellos estilos de una tradición milenaria. Te invitamos a conocerla un poco mejor.

Pregunta.- ¿Cómo conociste el yoga?

Respuesta.- Conocí el yoga por pura casualidad hace ya 17 años. Siempre había practicado algún tipo de deporte, pero cuando empecé a trabajar tuve que dejarlos de lado porque no disponía de tiempo. Al cabo de pocos años necesitaba volver a realizar alguna actividad que me estirase y me devolviera el tono muscular y una compañera me hablo del yoga y de Yoga Center Madrid, donde ella practicaba porque estaba muy cerca de nuestro trabajo. Fue todo un descubrimiento que me abrió un mundo nuevo, nunca pensé que me pudiese traer tantos y tan valiosos cambios a mi vida.

P.- ¿Comenzaste con el Ashtanga Vinyasa o has probado otros estilos primero?

R.- Comencé practicando Hatha Yoga, serie Rishikesh con sus variantes básicas y avanzadas. Después de 5 años profundizando con distintos profesores, probé Ashtanga.

P.- ¿El Ashtanga Vinyasa es el estilo con el que más te identificas o hay otro con el que te identifiques más? ¿Por qué? ¿Qué te aporta?

R.- Cuando probé el Ashtanga me enamoró su dinámica, la respiración, su fuerza y su fluidez; es, sin duda, el estilo de yoga con el que me siento más identificada. Practicando Ashtanga estoy plenamente conectada con la práctica, sin distracciones, presente en el aquí y el ahora.

P.- ¿Cómo describirías este estilo?

R.-  Ashtanga Vinyasa yoga es un yoga dinámico que sincroniza movimientos y respiración encadenando una postura con otra. Los elementos fundamentales en su práctica son la respiración Ujjayi (profunda y con sonido), las bandas (cierres energéticos) y el drishti (punto en el que se fija la mirada). Es importante aprender el orden de las posturas de forma pausada, añadiendo más a medida que nuestra práctica progrese, respetando siempre el ritmo de nuestro cuerpo.

P.- ¿Cuál es el aspecto más característico del Vinyasa Flow? ¿Por qué?

R.- Vinyasa Flow es también un estilo dinámico, en él las posturas se suceden creando un flujo suave. Todas las posturas que sostenemos con el cuerpo están conectadas a través de la respiración rítmica, aumentando nuestra fuerza y energía. En este estilo se propone una práctica creativa y variada, todas las secuencias tienen una lógica intencionada y en ellas algunas posturas actúan como principales y otras como complementarias.

P.- ¿Qué elemento no puede faltar en una clase de Vinayasa Flow?

R.- No puede faltar la intención que queremos darle a la práctica y la escucha de las sensaciones, la observación interna más que la externa.

P.- ¿Es este estilo un estilo para todo el mundo o crees que es más para un perfil determinado de practicante?

R.- A pesar de ser estilos dinámicos, en mi opinión todo el mundo que lo desee de verdad puede practicar cualquier estilo de yoga, lo importante es empezar de forma gradual adaptando y modificando cada postura para crear una experiencia individual e ir aumentado la dificultad a medida que la práctica y el practicante avancen. Finalmente será cada individuo atendiendo a su personalidad el que decida con que estilo se siente más conectado.

P.- ¿Cómo llegaste a ser profesora de yoga? ¿Fue una elección o digamos que “el yoga te llevó ahí”? ¿Nos puedes contar un poco cómo comenzaste ese camino?

R.- Con el paso de los años mi compromiso con la práctica de Ashtanga se hizo más serio, mi práctica se convirtió en diaria y creció mi interés por profundizar en el mundo del yoga, historia, tradición, filosofía y orígenes de esta práctica milenaria. Por todo ello, me forme como instructora y profesora de Hatha Yoga en Yoga Center (titulación de 500 horas) y realice también la formación en Ashtanga (200 horas) y he continuado realizado distintos workshops con Lino Miele, John Scott , Peter Sanson, Petri Räisänen y Liz Lark , grandes profesores con muchos años de experiencia y conocimiento que siempre son una fuente de inspiración. Desde hace casi 6 años me dedico por entero a la práctica y enseñanza del yoga. A día de hoy continúo aprendiendo y practicando diariamente, la práctica se ha convertido en mi compañera inseparable y me alegra poder compartir con mis alumnos todo lo que voy descubriendo.

P.- ¿Qué deseas transmitir con tus clases? ¿Cuál es tu objetivo con tus clases?

R.- En mis clases trato de despertar la conciencia corporal sintiendo el trabajo realizado y los beneficios obtenidos y trasmitir que iniciar el camino y disfrutar de él, es mucho más importante que llegar a una supuesta meta.