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Ver un ángel

Hay personajes que dialogan en torno a la psicología, la mística, la ciencia, la espiritualidad y el juego verbal y se adentran en los enigmas del Zen, el Sufismo, el Yoga, la Kábala, -con Mario Satz y sus obras e historias como la naturaleza de ésta -, y un sinfín de enseñanzas y que también enriquecen sus conversaciones adentrándose en la metafísica oriental y la racionalidad de nuestra cultura. Son caminos que nos llevan al despertar.

 Cuando le preguntaron al Rabi Arie Sorin de Grodno cuál había sido el mayor error de su vida, confesó que el haber querido ver un ángel.

 -Los niños son exigentes-dijo-, todo quieren tocarlo, sentirlo, verlo, respirarlo, gustarlo. Yo fuí un niño así y el cielo, ante mi insistencia, me lo mostró.

 Sus amigos lo miraron con expectación, seguros de que el maestro les transmitiría alguna enseñanza nacida tras el impacto de su mayor error.

 -Apareció una tarde en un sendero de montaña, cuando se derretía la nieve y la primavera izaba nieblas entre los pinos. Era, en verdad, resplandeciente, hermoso, sublime.Tenía una diadema de zafiros, sandalias doradas, alas de todos los colores del arco iris, una sonrisa extraordinaria y flotaba a pocos centímetros del suelo. "Me gustaría ser como tú", titubeé entonces, atreviéndome a hablarle. "Por qué?", me preguntó el ángel. "Porque me impresiona tu porte, la belleza de tus alas multicolores, la diadema y la capacidad de levitar."

 Pero el ángel no le respondió de inmediato al niño. Levantó un brazo para llamar a alguien y no había transcurrido ni un segundo cuando apareció otro ángel, un poco más pequeño que el primero.

 -Dale al niño un par de alas de colores, una diadema y unas sandalias de las nuestras.

 Una vez que el segundo ángel hubiera traído lo que le había soliicitado el primero, éste le dijo a Arie de Grodno:

 - Toma todo esto y vete de aquí. No es a mí a quien en realidad deseas ver, no es el océano de luz aquello a lo que aspirabas sino los objetos que te permiten flotar en él. Si piensas en los atributos de la salvación antes que en hundirte entre olas de luz mereces que se te postergue el hallazgo.

 Estupefactos, sin entender muy bien lo que les contaba su maestro, los discípulos entreabrieron sus labios unos minutos hasta que uno de ellos se atrevió a preguntarle:

 -Y qué pasó después?

 Bajé de la montaña - sonrió el rabí - con el convencimiento de que dejaría de pedir y comenzaría a dar.

 

 


Cuentos para aprender

Aprendiendo del Mulá Nasrudín

 Las historias enseñan. En todas las tradiciones contienen una sabiduría aplicable a lo cotidiano y que por otro lado nos hacen pensar.

  Nos acercamos hoy al personaje, el Mula Nasrudin, creado por el maestro de la tradición sufi Idries Shah (1924-1996).Nacido en la India y descendiente de una noble familia afgana.

 Las "enseñanzas" de Nasrudín son un verdadero reflejo de la sabiduría que subyace en el ser humano y que este personaje a veces aparece como sabio y otras como un loco. He aquí una historia:

Dos leñadores

En una ocasión, dos leAadores tenía una acalorada discusión y como no se ponían de acuerdo, decidieron zanjar sus desavenencias ante un juez.

 Venimos de vender nuestra leña en el mercado - dijo uno -. y mi compañero dice que tiene derecho a la mitad de las ganancias.

 -¿Acaso no es eso justo? - preguntó el juez

 - Lo sería si él hubiera hecho el trabajo honradamente - contestó el hombre -, pero mientras yo trabajaba con el hacha, él se sentó en un tronco y no hizo nada.

- Eso no es verdad - contestó el otro -. Mientras tu tenías el hacha, yo gritaba: "¡dale, dale! para animarte.

- Él puede haber gritado "¡dale!"; pero sin embargo, yo hice todo el trabajo duro - dijo el primero con gran énfasis!

- Pero no habrías podido seguir sin mi estímulo - dijo el segundo.

Habiendo escuchado las declaraciones, el juez reflexionó, pero por mucho que se esforzaba en aclarar la situación, se sentía incapaz de dar un veredicto.

- ¿Puedo intervenir, Su Señoría? - preguntó Nasrudin después de que hubieran transcurrido unos minutos. Una vez recibido el permiso para hacerlo, cogió una moneda y la lanzó al aire cayendo después al suelo con un sonoro "¡click!".

¿Has oído ese ruido? - preguntó al segundo leñador

-Sí, contestó el hombre.

-Entonces coge ese "¡click"! en pago por tu "¡dale!", y abandona el tribunal - dijo Nasrudin