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Krishnamurti (/)

En Adyar, sede de la Sociedad Teosófica

 En uno de los lugares favoritos en mis visiitas a la India, se encuentra Adyar, no lejos de Madrás o Chennai como ahora se llama. La razón es por la conexión con el admirado Krishnamurti, ya que ese lugar es donde parte de la historia de la Sociedad Teosófica ha tenido gran importancia.

Personajes como Madame Blavatsky, Olcott, Annie Besan, Leadbeater, Lutyens y tantos otros son historia de la pretensión del advenimiento del nuevo Mesías y por ese motivo la S.T o Sociedad Teosófica había sido fundada.

Jiddu Krishnamurti

 Jiddu Krishnamurti nació el 11 de Mayo de 1895 en Madanapalle, pequeña ciudad del sur de la India y falleció el 17 de Febrero de l986 en Ojai. California.

Una vez "descubierto" por Leadbeater como futuro "Mesías",  empezó a recibir un exquisita educación a lo largo de unos años y la Dra Besant por entonces presidenta de la Sociedad Teosófica, con otros miembros, proclamaron a Krishnamurti como el "maestro mundial", cuya aparición ya había sido anunciada por la S.T.

 Con el fin de preparar tal advenimiento, una organización denominada la Orden de la Estrella fué creada, siendo Krishnamurti quien la lideraba.

 Sin embargo, en 1929, Krishnamurti renunció a tal cargo disolviendo la Orden con sus numerosos seguidores, devolviendo el dinero y propiedades que habían sido donadas.

 Quisiera hacer mención a parte de su discurso durante la disolución de la Orden de la Estrella, el cual me parece muy aleccionador.

La verdad es una tierra sin caminos

"Vamos a hablar esta mañana sobre la disolución de la Orden de la Estrella. Para muchos será motivo de alegría y otros se sentirán más bien tristes. Sin embargo no debiera ser causa de regocijo ni de tristeza, puesto que es inevitable como voy a explicar:

Quizá recuerden aquella leyenda en la que el diablo y un amigoo iban pasenado por la calle, cuando de pronto vieron a un hombre que recogía algo del suelo y, después de mirarlo se lo guardaba en el bolsillo.

 El amigo preguntó al diablo:"¿Qué es lo que ha recogido ese hombre?". "Ha recogido un pedazo de la Verdad", contestó el diablo. "Mal asunto para ti entonces", dijo el amigo. "Ah, no, en absoluto - replicó el diablo -; voy a dejar que la organice."

 Yo sostengo que la Verdad es una tierra sin caminos, y que no es posible acercarse a ella por ningún sendero, ninguna religión, ninguna secta. Ese es mi punto de vista, y me adhiero a él absoluta e incondicionalmente.

La Verdad, puesto que es ilimitada, puesto que está libre de condicionamiento, y no es posible acceder a ella por ninguna clase de camino, no se puede organizar, ni tampoco debería formarse ninguna organización para conducir o forzar a la gente a seguir un sendero determinado. Si empiezan por comprender esto, verán hasta que punto es imposible organizar una creencia.

La creencia es una cuestión puramente individual, y no pueden ni deben ustedes organizarla. Si lo hacen, se convierte en algo muerto, cristalizado; se convierte en un credo, en una secta, una religión que ha de imponerse a los demás. Esto es lo que todo el mundo trata de hacer. La Verdad entonces se empequeñece y se transforma en un juguete para los débiles, para los que están  sólo momentáneamente descontentos.....

 Continúa próximamente en el (II)

 

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Comentarios 

1 comentario para este mensaje

23 de Julio de 2011 14:22

Guzmán

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Jiddu Krishnamurti contando chistes.

Quienes tuvieron el placer de tratar a K le escucharon contar historias divertidas, chistes e infinidad de anécdotas. K nunca se hizo pasar por autor de las cosas cómicas que contaba. Las fuentes de algunos de sus cuentos se remontan a la literatura zen. Pero él los modificaba un poco. Empleaba los chistes y las historias ajenas para instruir y despertar a cuantos buscaban su consejo así como para aclarar aspectos difíciles de sus enseñanzas. En sus horas de ocio en Colombo, vimos a K leer un libro de chistes. A K le encantaba el humor de Mark Twain y pude comprobar que en la biblioteca personal que tenía en Arya Vihar, en Ojai, tenía varios libros de este gran humorista norteamericano. Algunas de sus historias no se basaban en hechos pero eso no tenía ninguna importancia porque su propósito era transmitir un mensaje.

K disfrutaba contando historias en las que se describían comportamientos personales que no estaban de acuerdo con los principios morales reconocidos. He aquí un buen ejemplo:

Dos monjes que habían hecho votos de abstinencia sexual absoluta, de pensamiento, palabra y hecho, regresaban lentamente a su monasterio después de haber ido a un funeral. El monje más anciano iba delante del joven novicio que llevaba en una bolsa de cuero las monedas que les habían dado por oficiar el funeral. Al pasar delante del prostíbulo del pueblo, el joven novicio dijo entusiasmado:

«¿Vamos a ver a la prostituta del pueblo y a gastarnos lo que hemos ganado?»

Presa del asombro y el disgusto, el monje más anciano reprendió al joven novicio:

«¡Avergüénzate! ¿Acaso no sabes que no deberías tener estos pensamientos? Además, no tenemos dinero suficiente para eso».

Otra historia también se refiere a dos monjes que habían hecho votos de castidad y abstinencia absoluta de pensamiento, palabra y hecho. Partieron juntos en un largo viaje durante el cual debían recorrer a pie poblados, bosques y tierras pantanosas. Se disponían a cruzar un río con una fuerte corriente cuando se les presentó una atractiva muchacha y les pidió que la ayudasen a cruzar.

«Márchate» le gritó el monje joven, «porque hemos hecho promesa de no tener tratos con mujeres».

«Os ruego que me ayudéis» sollozó la muchacha.

Al oír esto, el monje más anciano la alzó en brazos y vadeó el río de rápida corriente. Cuando hubo cruzado, la mujer le agradeció el favor y se marchó. Concluido el incidente, el monje joven se pasó varios días criticando la conducta del más anciano. Se quejaba muy airado:

«Has tenido una conducta impropia al tocar el cuerpo de una mujer».

El monje más anciano le espetó:

«¡Yo dejé a esa mujer en la orilla del río pero tú sigues llevándola en brazos!»

Esta historia ilustra la mente poco casta del joven monje que seguía turbado por un hecho inocente que pertenecía al pasado. Según K, la verdadera castidad consiste en estar libres de la formación de imágenes y su almacenamiento en el espíritu. Por lo tanto, su idea de la castidad estaba muy alejada de la actitud tradicional que insiste en evitar todo contacto con el sexo opuesto.

Un día, mientras K y yo almorzábamos en Gstaad, Suiza, me preguntó con curiosidad qué lugares de interés cultural había visitado en mis vacaciones de verano en Roma. Le comenté que lo más interesante de mi viaje había sido el día que pasé inspeccionando los estantes de la maravillosa Biblioteca Apostólica Vaticana. Le describí con entusiasmo los antiguos manuscritos, los primeros libros impresos y otros tesoros de esta institución. Le referí a K que los administradores de esa gran biblioteca habían aceptado agradecidos algunos libros que yo había escrito sobre sus enseñanzas. También les regalé algunos libros de K que fueron muy bien recibidos. «Será muy divertido» dije, «cuestionar sus creencias y dogmas y sacudir los cimientos mismos de la Iglesia Católica Romana. ¿No le parece necesario estimular a los teólogos a que lean libros relacionados con sus enseñanzas?»

K me preguntó: «¿De veras están interesados?»

Le contesté: «Pues tenemos que hacer que se interesen. ¿Cree usted que al Papa le interesaría asistir a sus charlas?» La ingenuidad de mi pregunta lo sorprendió. Me lanzó una mirada incrédula y me dijo: «¿El Papa en Saanen? No lo creo probable». De inmediato, K se puso a hablar de las magníficas obras de arte que había visto en el Vaticano. Me dio la impresión de que no había tenido una audiencia con ningún Papa, pero me comentó que Juan Pablo I muy sonriente lo había saludado con la mano. K sentía una simpatía especial por ese Papa, al que describía como «un hombre amistoso». K lamentaba que hubiera muerto repentinamente después de un breve reinado. Muy divertido, K me contó esta historia:

Encontraron a un mendigo harapiento orando en la Capilla Sixtina, la capilla del Papa, decorada con frescos de Miguel Ángel y otros pintores. El Papa notó enseguida la presencia del mendigo y de inmediato manifestó su fastidio. «¿Quién es ese hombre que está ahí arrodillado? No lleva la ropa adecuada». El Papa ordenó al mendigo que abandonara de inmediato la Capilla Sixtina. El hombre tuvo que obedecer. El mendigo se sintió decepcionado por el rechazo del Papa, pues para él, que era muy devoto, aquello casi equivalía a haber sido excomulgado de la Iglesia Católica. Regresó a la sórdida habitación que ocupaba en un barrio bajo de Roma. Y en la soledad y el silencio de su cuarto se arrodilló para rezar. De repente, Dios se le apareció en persona. El pobre hombre no daba crédito a sus ojos al ver al Todopoderoso en todo Su esplendor. Dios se dirigió a él amorosamente y le preguntó:

«¿Cuál es tu problema?»

«Mi problema» le contestó, «es que me echaron del Vaticano».

«No te preocupes» le dijo Dios, «porque a mí tampoco me dejan entrar».

A K le gustaban los chistes y las anécdotas de Jesús y, sobre todo, de misioneros que viajan a países lejanos con la intención de convertir al cristianismo a los paganos que se niegan a reconocer al Dios de la Biblia.

Una de sus historias preferidas era la de un misionero que ponía gran celo en su trabajo e intentaba predicar los evangelios a un grupo de caníbales. A los caníbales les molestó tanto su actitud desdeñosa que decidieron comérselo para la cena. Se disponían a freír al misionero en una olla de aceite hirviente.

«Por favor, no me comáis pidió el misionero asustado».

«Lo que uno come» filosofó uno de los caníbales, «es cuestión de gustos. A ti te encanta comer carne de vaca y nosotros preferimos la de misionero. »

Susanaga Weeraperuma
KRISHNAMURTI TAL COMO LE CONOCÍ
Traducción de Celia Filipetto
Verdaguer, 1 08786 Capellades (Barcelona)
http://seaunaluzparaustedmismo.blogspot.com/

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