El que ríe de último...

por Madhana | 07 de Diciembre de 2012 16:24

Etiquetas: historia ajahn Chah maestro meditacion


 

Enseñanzas de Ajahn Chah

 Ajahn Chah, gran maestro tailandés de meditación de quien tantos occidentales aprendieron - Ajahn Sumedho, Ajahn Amaro, Jack Kornfield, Joseph Goldstein, Sharon Salzsberg - contaba una graciosa anécdota  y, daba a entender como actuar en caso de burla y abuso.

 Ajahn Chah, cuyas enseñanzas sobre el budismo eran profundas y al mismo tiempo sencilla, basadas en la Tradición del Bosque en Tailandia,  solía enfatir el camino de la plena atención y en todo momento en la vida cotidiana, y comentaba asimismo, que "no se medita por razones egoístas sino que se practica con el fin de comprendernos y así enseñar a otros como lograr la paz".

 Comentaba, " que una práctica continua, nos lleva a sentirnos satisfechos con nosotros mismos y con lo que tenemos"

Una anécdota contada por Ajahn Chah

 Contaba que cerca de su monasterio había una base aérea norteamericana y, que en una ocasión, un soldado americano viajaba en un rickshaw (medio de transporte muy típico en Asia) desde la base hacia la ciudad. En los suburbios de la ciudad pasaron por una calle donde algunos amigos del conductor estaban en el exterior de un bar completamente borrachos.

 "¡Eh!" gritaron en Thai. "¿Adonde llevas a ese "perro callejero?," riéndose a grandes carcajadas y señalando al soldado americano. Por un momento, el conductor se sintió alarmado. El soldado era un indiividuo muy fornido, y en Tailandia cuando a alguien se le llama "perro callejero y sucio", supone un grave insulto que suele acabar en pelea. Sin embargo, el soldado permanecía muy tranquilo, contemplando el paisaje. Obviamente, no entendía la lengua Thai.

 El conductor del rickshaw, decidiendo participar de las bromas de sus amigos, les gritó: "¡LLevo a este "sucio perro" y lo voy a tirar al Moon River para que desaparezca el olor que desprende!".

 Ante todas estas palabras, el conductor y sus bebidos amiigos reían a costa del americano, quien permanecía impasible.

 Cuando llegaron a su destino, el conductor extendió su mano para recibir el importe del viaje y el soldado, dándose la vuelta, lentamente comezó a alejarse del lugar.

 El conductor, muy excitado, comenzo a correr detras de él y en un inglés defiiciente pero comprensible lr gritaba: "!Eh señor! Págueme mis dólares!"

 A todo esto, el soldado americano, calmadamente se dió la vuelta y con un perfecto acento Thai le dijo: "Los perros no tienen dinero"

Comparte esta entrada del blog

Facebook Twitter Googleplus

Comentarios 

Rss Suscribirse a los comentarios de este mensaje

Dejar un comentario