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El yoga es la vida misma, una forma de vivir consciente y libre.

Entrevista con Nerea

Hoy os traemos una entrevista de lo más interesante, con una de las profesoras de las clases de Hatha Yoga y de los cursos de formación en Yoga Center Madrid: Nerea Esbrit. Nerea tiene una amplia trayectoria en el mundo del deporte, un mundo de exigencia y su relación con el yoga marcó un antes y un después, un paso de la exigencia a la excelencia. Os invitamos a leer su entrevista, su experiencia es fascinante.

Pregunta.- Vienes de un ambiente deportivo muy exigente y el yoga busca fluir y no forzar el cuerpo. ¿Cómo has conciliado esa visión exigente con lo que persigue o pretende el yoga? ¿Sigue teniendo influencia sobre tu práctica de alguna manera la exigencia anterior?

Respuesta.- Sí, vengo de haber practicado desde los 7 hasta los 16 años gimnasia deportiva de alto rendimiento en el equipo nacional y participando en mundiales, europeos y juegos del Mediterráneo, en un entorno muy exigente, perfeccionista y donde se utiliza el cuerpo para conseguir resultados. Suena duro pero en términos generales es lo que ocurre. Tanto es así que me alejé por completo de ese mundo que tuve que dejar por una lesión mal tratada que terminó en operación y 6 meses de rehabilitación y que me impidió ir a Los Juegos Olímpicos de Seúl. Estuve probando diferentes deportes para estar en forma y sentirme bien, pero nada me convencía, hasta que di con el yoga, y ahí encontré un mundo fascinante, donde al cuerpo se le considera de otra manera, desde el respeto y la amabilidad, y para mi eso fue fundamental. Ahora ya con más de 15 años de práctica de yoga, lo que te puedo decir es que realmente no concilio esa visión exigente, si no que he decidido soltar esa exigencia, no me sienta bien, ni me lleva hacia el bienestar.

P.- Según tu experiencia, ¿se puede ser exigente también en yoga o hay que huir siempre de esa exigencia? ¿Cómo encuentras un equilibrio entre ambos aspectos?

R.- Bueno, huir no sería mi opción, sino más bien mirar esa exigencia de frente, ver qué necesidades está cubriendo y para qué la busco, y en función de lo que observe decidir si quiero seguir siendo exigente o prefiero vivir la vida de otra manera, porque al final para mí el yoga es la vida, es una forma de vivir, con principios y propósitos determinados. Pienso que cuando tratas de evitar algo o lo rechazas, se refuerza, así que más bien lo que he hecho es aceptar esa tendencia mía, hacerme amiga de ella, reconocer lo que me ha aportado hasta ahora y ser consciente de lo que no me hace bien. Es amarla en lugar de rechazarla, y ahí es donde hay encuentro.

P.- ¿Cómo sientes que tu trayectoria como deportista de élite ha marcado o marca tu relación con el yoga?

R.- Pues lo ha marcado bastante, por lo que comentaba antes, en algunos aspectos el deporte de alto rendimiento o élite es lo opuesto a los propósitos del yoga, y yo he tenido la oportunidad de profundizar en ambos universos. Mi experiencia personal con la gimnasia de élite fue de abusos de límites, de graves lesiones, de desconexión de mi cuerpo y mi mente, aprendí a no escuchar al cuerpo, a bloquear o negar las señales que me mandaba, tanto es así que estuve entrenado un año entero con una fisura en el codo, la mente controlaba, utilizaba al cuerpo como a un esclavo. El cuerpo era el siervo de la mente y estaba a merced de la obtención de resultados/medallas. Esa creencia de que para conseguir algo hay que sufrir creo que es muy perjudicial. La meditación y la práctica corporal me han ayudado a conocerme, a observarme y escucharme, a reconectarme, a conectar mi cuerpo y mi mente, a que ambos trabajen juntos, y ver con más claridad mi propósito de vida. Es como que he visto el lado oscuro y eso me permite distinguir claramente la luz. Ha sido un proceso duro porque he sido ahora más consciente de los abusos que suponía esa práctica deportiva a ese nivel. Valoro, agradezco y empleo lo que he aprendido de esa experiencia.

P.- ¿Cómo se pasa de la exigencia a la excelencia?

R.- Estando en contacto con nuestro propósito. Y siendo conscientes de que frecuentemente el precio que pagamos por los resultados es demasiado alto si no hemos disfrutado el camino, que en el camino está la vida más que en el destino.

P.- ¿Cómo conociste el yoga?

R.-Pues después de abandonar el deporte por completo, con los años me sentía como que me faltaba algo y buscaba algún tipo de ejercicio físico con el que me encontrase mejor, pudiese practicarlo regularmente, y mejorase mi salud. Después de probar algunas cosas di con unas clases de yoga, enseguida me di cuenta que se trabajaba el cuerpo de una manera con la que sentía más conexión, con ese detalle, ese cuidado, con ajustes anatómicos, con amabilidad y sin forzar, sin “empujar”, con un sentido más profundo…, y seguí por ahí.

P.- ¿Qué es lo que más te ha aportado el yoga hasta el momento?

R.-Bueno, además de todo lo que he comentado antes, y resumiendo, la meditación ha supuesto un cambio en mi vida, ha sido el descubrimiento más maravilloso para mi, que me ha permitido reencontrarme. La práctica corporal es fundamental en mi día a día, Y además me ha ofrecido una de las cosas más bonitas que me han pasado que es poder compartirlo con los demás al dar las clases, y satisfacer esa necesidad mía de ayuda y de crecimiento personal. Me ha aportado ver y vivir la vida de otra manera.

P.- ¿Cómo comenzaste a ser profesora de yoga? ¿Qué te llevó a ese camino?

R.- Pues aquí en Yoga Center, un día al finalizar la clase Mabel me preguntó que si quería hacer el curso de Instructora y yo dije “¿Yo? ¿Para qué?”. No me veía ni en sueños siendo profesora de yoga…, y me dijo la palabra mágica para mí: “puedes hacerlo para profundizar más”. Y yo, que soy muy curiosa, pues se me iluminaron todas las bombillas, y dije que sí. Y fue el comienzo de algo genial. Y pasito a pasito aquí estoy. Quiero dar las gracias a Mabel, a Gauri y a Wes por las oportunidades que me han dado en Yoga Center.

P.- ¿Qué es lo que más te gusta de ser profesora de yoga?

R.- Lo que más me gusta es el compartir, el poder transmitir lo que voy aprendiendo y que me es útil, y dárselo, entregárselo a otros por si les vale a ellos también, eso es lo que más me gusta. Y lo bien que me siento después de cada clase, es algo inexplicable que cada día me sorprende.

Las clases de formación me apasionan, ver el proceso de cada alumno me encanta, ese aprendizaje y transformación personal que ocurre en cada curso es emocionante e inspirador para mí.

P.- ¿De dónde sacas la inspiración para tus clases?

R.- Pues procuro nutrirme del día a día, de lo que voy aprendiendo, de mi experiencia y experimentación personal, de otros profesores, de los alumnos (sus preguntas inspiran, sus comentarios…), de lecturas, me inspiro también de otras formaciones que realizo.

P.- ¿Qué intentas transmitir en tus clases?

R.- Depende del día, pero en general, eso de lo que hablábamos, del autoconocimiento, empezando por las partes más externas, por la piel e ir buceando hacia dentro, hacia nuestro interior, poco a poco y paso a paso.

P.- ¿Cómo está el yoga presente en tu vida? ¿De qué manera te acompaña en tu día a día?

R.- Está presente constantemente, es que para mí el yoga es vida o la vida es yoga, en el sentido de que es una forma de vida, es una forma de vivir consciente y libre, en la medida de lo posible y según las circunstancias (sin exigirse, amablemente).

Más concretamente, pues medito cada mañana media hora, y en función del día y los otros compromisos que tengo practico Hatha Yoga al mediodía o por la tarde, procuro poner atención a la alimentación, a lo que pienso, a lo que digo, a mis hábitos y mi comportamiento.

P.- Si encuentras en tu clase a una persona que viene del mundo del deporte y con una visión de competitividad, ¿cómo le transmites el yoga y esa idea de no competir y fluir?

R.- Me gustaría resaltar que hay competitividad en muchos aspectos de la vida, no solo en los que vienen del mundo del deporte, por ejemplo en la moda, en la política, en las empresas…, incluso en el yoga. O sea, que es algo que todos podemos observar en nosotros independientemente de nuestra actividad. En el deporte se hace más visible, y se le ha dado una forma, pero es algo que va con la persona.

Pienso que estamos en una sociedad que fomenta la competitividad porque cree que es la única manera de avanzar y mejorar, poniendo sólo el foco sólo en la obtención de resultados. En ese sentido les muestro que hay otras formas, otros caminos.

P.- ¿Qué es para ti el yoga?

R.- El yoga para mi es bienestar y plenitud fruto de la unión, de la conexión. Es presencia. Es ahora. Es una sonrisa que se me dibuja en los labios.

P.- ¿Cómo ha evolucionado tu relación con el yoga desde que empezaste hasta el día de hoy? ¿Cómo crees que seguirá evolucionando?

R.- Mi relación con el yoga ha evolucionado en la medida en que yo he evolucionado. Van de la mano. Al principio parece como todo muy teórico y muchas cosas que recordar, pero con la práctica va formando parte de tu día a día. Recuerdo que ya haciendo el curso de profesores, cuando iba a clase desde la oficina (era directora financiera en la empresa familiar) me preguntaba cómo podía integrar el yoga en mi vida, me parecían mundos tan extremos… Y con el tiempo me di cuenta de que pasé a preguntarme cómo podía integrar mi trabajo en el yoga, poco a poco se fue transformando mi forma de vida, y te das cuenta de que es todo uno. Creo que mi relación con el yoga seguirá evolucionando según mis necesidades vitales, ahora mismo me veo toda la vida practicando de una u otra forma, continuando ese reencuentro conmigo misma, y compartiéndolo con los demás. Pero concretamente no lo sé. Me gustaría seguir dando clases y enfocarme en la formación y en transmitir lo que voy aprendiendo.

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